- Infantino y FIFA dan ultimátum: US$40 millones por federación y la advertencia que divide al fútbol
- Escándalo en la FIFA: últimas noticias sobre polémica propuesta de Gianni Infantino
Pese a la oposición de la UEFA, curiosamente la entidad que lo catapultó al cargo que ostenta, Gianni Infantino seguirá siendo el mandamás del fútbol mundial hasta, por lo menos, el 2031. Que el próximo mundial tenga 64 participantes tiene que ver con ello.
LEE MÁS: “Los derechos comerciales de FIFA no son patrimonio personal de Infantino”: Las duras críticas del mundo fútbol a los planes de inversión privada en la FIFA
En la historia del balompié moderno, hay un antes y un después de 1974. Fue cuando asumió las riendas de la FIFA el brasileño Joao Havelange, un exwaterpolista olímpico que, a diferencia de sus predecesores, se dio cuenta del millonario negocio que tenía entre manos. Ganó el puesto prometiendo desarrollar el fútbol en todo el planeta, lo que le trajo el valiosísimo apoyo de África y Asia, y con ello varias suculentas reelecciones.
Infantino va en esa misma línea: en el Mundial con seis países sede que tendremos en cuatro años, aumentar los cupos a un poco más de la tercera parte del total de afiliados (64 de 211) le asegura votos en los comicios del 2027. Es un atractivo gigantesco, sobre todo para las federaciones más pobres que dependen de los millonarios subsidios enviados desde Suiza.

Por estos lares también cae la ayuda -que no es poca-, además de las gollerías que representa para don Agustín ser cabeza de una federación, a despecho de su escaso peso al momento de tomar decisiones de importancia.
¿Eso nos garantiza la clasificación? Como diría un asesino serial que alcanzara celebridad por destripar prostitutas londinenses a finales del siglo XIX, vayamos por partes:
En principio, sería obscenamente vergonzoso que Sudamérica tenga nueve cupos y medio. Las eliminatorias se convertirían en un engaña muchachos mayúsculo, una historia plana, predecible y sin emociones, que premiaría no a los mejores, sino a la más pura mediocridad.
Luego, fabricar jugadores, pulir talentos, adecentar la técnica, no se consigue de un momento para otro. Parafraseando a uno de mis maestros del periodismo, el fútbol no es como una panadería donde a las 3 sale el tolete, a las cuatro el ciabatta y a las cinco el francés.

Nuestro balompié está podrido hasta el tuétano y no hay señales de siquiera intentar algún cambio de raíz. El grueso de los clubes no atiende su obligación de formar jugadores y la federación tampoco parece tener real interés en obligarlos a hacerlo. Pensar en que “ya aparecerán los jugadores” es someter nuestro futuro al azar, a lo benévola que pueda ser la providencia.
Tal como caminan las cosas, así a Menezes se le ocurra llevar las eliminatorias a Cerro de Pasco, nada asegura que la penúltima selección de América del Sur tenga el cupo asegurado para el Mundial que se viene.
Mientras no existan señales de cambio, solo queda pensar que la próxima Copa también tendremos que verla por TV.
(Eso sí, crucemos los dedos para que no la vuelva a comentar Sergio Goicochea).
