Néstor García Canclini: “La IA crea la ilusión de estar beneficiados” “La América de Trump se acerca cada vez más a ‘El cuento de la criada’” Luis Solano: “Está bien juzgar los libros por la portada” Hace algunos años, los terraplanistas sorprendían a todos al asegurar que nuestro planeta era, en realidad, un inmenso disco que giraba llanamente por el espacio. Las supuestas pruebas y videos de aquello se multiplicaban por YouTube. En plena pandemia, nuevos podcasts expandían la idea del efecto nocivo de las vacunas y de su relación con misteriosos microchips que buscaban controlar nuestra atribulada humanidad. Y, recientemente, comunidades de adolescentes y jóvenes han aparecido en las redes sociales asumiendo la ‘identidad’ de perros y gatos, manifestada en fugaces pero efectivos videos de TikTok. Sin embargo, esta vorágine de irracionalidad no es nueva. Hace un siglo, mucha gente creía en la comunicación con los muertos, a través de médiums, y el espiritismo era una corriente en boga, por ejemplo. MIRA: El manuscrito de una amistad Existe un sello de época marcado por la omnipresente tecnología y no son pocos los especialistas que aluden a una “parálisis del pensamiento crítico” o a una “infantilización de la sociedad” contemporánea. Un autor como Nicholas Carr se preguntaba hace ya 15 años si Google nos estaba volviendo estúpidos. En su libro “Superficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, afirmó que cada nuevo medio influye de manera distinta en nuestros actos y pensamientos y moldea lo que vemos y cómo lo vemos. “Los medios provocan su magia o su mal en el propio sistema nervioso”, escribió. Y citando a McLuhan –un tótem de las teorías de comunicación– añadió: “El contenido de un medio es solo el trozo jugoso de carne que lleva el ladrón para distraer al perro guardián de la mente”. En ese sentido, las redes sociales ofrecen un suculento menú. Y lo que perdemos en ese festín es capacidad de atención, espíritu crítico, memoria y cualidades cognitivas antes tan preciadas como el análisis y el discernimiento. La huida del yo ¿Cada momento que pasamos absortos ante la pantalla del celular está modificando nuestra capacidad cognitiva? “La tecnología ha venido a simplificarnos algunas cosas –dice el psicólogo y profesor universitario Manuel Arboccó de los Heros–, pero ciertas funciones psíquicas e inclusive físicas, que antes teníamos que desarrollar a punta de exigencia, ahora empiezan a debilitarse. Se está hablando de la falta de concentración, de la dificultad para comprender textos, algo que veo en la universidad con gente, sobre todo joven, para quienes textos de ocho, nueve o diez páginas empiezan ya a preocuparlos, pero al mismo tiempo existen algunos beneficios. El hecho de estar hiperconectados nos lleva quizás a no profundizar en ciertos temas, pero sí a estar alertas… También se habla de la habilidad visomotora (ojo-mano) que tienen chicos que juegan PlayStation y los hace funcionales a este mundo digital”. Por su parte, la psicóloga y psicoterapeuta Ximena Castro recuerda algo que se dice actualmente: “El ChatGPT nos está volviendo más brutos, más tontos, porque ya todo está ahí, en pedacitos”. “Yo creo –afirma– que esto depende de cada persona, de la madurez emocional e intelectual que tenga. Si no hay una familia, un Estado que se preocupe por el desarrollo integral del niño y adolescente, entonces vamos a llegar a adultos con poca capacidad de análisis y de crítica”. Ella considera que tanto niños y adolescentes son vulnerables a todo lo que aparece en las pantallas, no solo porque están en pleno desarrollo, sino porque se encuentran cada vez más solos, en un contexto familiar en que, por lo general, ambos padres trabajan. Arboccó de los Heros encuentra un mal de época que se expresa en modas que pueden parecer insólitas como las de los ‘therians’: el miedo a crecer o a enfrentar el mundo adulto. “Pareciera que la adolescencia, mentalmente hablando, se está extendiendo más de la cuenta –afirma–. La pregunta es por qué. Y una posible explicación tiene que ver con la sociedad de consumo en la que estamos, que promueve, refuerza y estimula ciertas tendencias, conductas y comportamientos divertidos, con mensajes casi sugestionables que promueven coleccionar cosas, cazar pokemones, llenar álbumes de la Champions, etcétera”. Al respecto, Ximena Castro explica que el lóbulo frontal del cerebro, vinculado con el juicio, la racionalidad, el pensamiento crítico y los límites, termina de desarrollarse recién pasados los 20 años, por lo que la adolescencia podría extenderse más allá de lo que usualmente se cree. “¿Pero por qué los jóvenes tienen hoy miedo a crecer? ¿Qué los bloquea para desarrollarse de manera más integrada?”, se pregunta la especialista. “La respuesta es más amplia –dice– y tenemos que ver lo que está pasando a nivel social. Este mundo no se ve muy grato y está siendo muy violento y amenazante. Entonces, creo que ese también puede ser un factor para quedarnos medio inmaduros, medio chiquitos”. El psicólogo Arboccó de los Heros recuerda un artículo escrito por el filósofo Carlos Esparza a propósito de los ‘therians’. “Él habló de la huida del yo –afirma–. Y eso está relacionado con lo que significa ser adulto en la sociedad contemporánea. Un profesor como Ramón León dice que hoy el adulto es alguien abrumado, desasido, cansado, estresado, que siempre está corriendo y luchando para llegar a fin de mes, y eso a muchos jóvenes les causa temor, les incomoda. No es lo que ellos anhelan. Lo ven como algo innoble, limitante, entonces prefieren quedarse en este limbo medio infantil… Al ‘therian’ no le interesa, por ejemplo, cómo está el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos, no le importa si no tenemos GLP; si te das cuenta, solo está en un mundo de juego, con cero responsabilidades, donde su única ocupación es mover la colita y correr con sus amigos”. Nuevas identidades Para el antropólogo Alex Huerta-Mercado, las propias redes sociales han contribuido a modificar nuestra percepción a partir de la desaparición de la escritura. “Si te das cuenta –advierte– en Facebook podías