¿Menos hijos, más mascotas? El cambio en las familias peruanas que obliga a las empresas a reinventarse
MEF reafirma el impacto fiscal de las leyes del Congreso anterior: Costo de las medidas podría alcanzar hasta S/50 mil millones al 2027 El 56% de limeños considera a sus mascotas como hijos: estudio revela cuánto gastan en alimentación, grooming y seguros de salud La familia peruana está cambiando y, con ella, también cambia la forma en la que se consume. Los hogares son más pequeños, la maternidad se posterga, crecen las parejas sin hijos y cada vez más personas viven solas o comparten vivienda con familiares, amigos o compañeros. En paralelo, las mascotas han ganado espacio dentro de los hogares y también dentro del presupuesto familiar. El cambio tiene una dimensión demográfica evidente. Los resultados de los Censos Nacionales 2025 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) muestran que la tasa global de fecundidad se ubicó en 1,7 hijos por mujer, el nivel más bajo reportado en el mes de junio por el organismo. De hecho, los nacimientos en el Perú vienen cayendo 20,4% en los últimos siete años. Al mismo tiempo, la población está envejeciendo: los menores de 15 años pasaron de representar 26,5% de la población en 2017 a 22,7% (alrededor de 7,5 millones) en 2025, mientras que las personas de 60 años a más aumentaron de 11,7% a 14,8%. Pero detrás de esas cifras hay un cambio que alcanza directamente al mercado. Ya no se trata únicamente de cuántas personas hay en el país, sino de quiénes integran los hogares, cómo viven y cómo deciden qué comprar. “Una sola definición de familia ya no alcanza para entender el consumo peruano”, sostiene Rolando Arellano Bahamonde, director ejecutivo de Arellano Consultoría para Crecer. Javier Álvarez, director senior de Tendencias del Consumidor de Ipsos Perú, señala que con esta tendencia de menores nacimientos y mayor envejecimiento de la población, el tamaño de los hogares se va reduciendo. “Eso importa mucho porque la casa o departamento ya no es tan grande y esto también está cambiando los patrones de consumo”, agrega. Durante décadas, buena parte de la oferta de consumo se construyó alrededor de una familia promedio: padres, hijos y una despensa pensada para abastecer a todos sus integrantes. Esa fotografía empieza a perder capacidad para explicar al consumidor actual. Hoy conviven familias tradicionales más pequeñas, parejas sin hijos, personas que viven solas, jóvenes que comparten vivienda y hogares en los que las mascotas ocupan un lugar cada vez más importante en casa. Y eso tiene una consecuencia directa: el hogar deja de ser una unidad homogénea de consumo. “Dentro de esos hogares el individuo ha ganado mucho más peso en las decisiones de consumo”, explica Arellano. Asegura que la transformación puede verse en categorías tan cotidianas como los lácteos o la higiene. En una misma refrigeradora pueden convivir una leche sin lactosa, otra light, una con suplementos y una chocolatada; mientras que en el baño cada integrante puede tener un shampoo distinto según su tipo de cabello o necesidad. “La familia, entonces, no desaparece como unidad de consumo. Lo que cambia es su composición y, sobre todo, la importancia que adquieren las necesidades individuales”, precisa. “Estamos siendo testigos de una transformación estructural del hogar peruano”, sostiene José Oropeza, director general de la consultora Impronta Research. Según explica, la reducción del tamaño de las familias, la postergación de la paternidad, el crecimiento de hogares unipersonales y de parejas sin hijos están llevando al mercado de una lógica centrada en el volumen hacia otra enfocada en el valor, la conveniencia y la personalización. La transformación también tiene un nuevo protagonista. Oropeza señala que seis de cada diez hogares peruanos conviven con al menos una mascota, convirtiendo a esta categoría en una de las más dinámicas dentro del consumo. De acuerdo a Ipsos Perú, la tenencia de mascotas en Lima ha crecido cuatro puntos en los últimos tres años. El 82% de peruanos las considera miembros de su familia, les tiene un presupuesto asignado y un 7% afirma que ha hecho cambios en su casa por ellos. Para Romina Lucanera, Customer Success Manager de NielsenIQ Perú, detrás de esta transformación también hay un cambio generacional que está modificando las reglas del consumo. Actualmente, la generación X —nacida entre 1965 y 1980— todavía tiene un peso importante en las decisiones de consumo masivo en América Latina. Se trata de consumidores más pragmáticos y leales a las marcas. Sin embargo, la generación Z —nacida entre 1997 y 2012— empieza a ganar mayor protagonismo y trae consigo nuevas prioridades. “Sí empezamos a ver impacto con las nuevas generaciones. El cambio generacional es un desencadenante”, señala Lucanera. La ejecutiva explica que los consumidores más jóvenes muestran una menor lealtad a las marcas y una mayor disposición a explorar alternativas en busca de un mejor beneficio. Al mismo tiempo, tienen una mayor preocupación por el bienestar, una tendencia que atraviesa desde la alimentación hasta el cuidado de sus mascotas. Como parte de esta tendencia, desde Worldpanel by Numerator indican que se percibe una migración hacia las canastas más ligadas al bienestar, la indulgencia y a las mascotas entre las canastas que más crecen dentro de los hogares. El primer impacto de la reducción del tamaño de los hogares se observa en el volumen. David Escurra, gerente de Negocios de G.W. Yichang, señala que la transformación no necesariamente significa que los peruanos estén dejando de consumir, sino que están redistribuyendo su presupuesto. “La reducción de la tasa de natalidad y el aumento de hogares unipersonales o parejas sin hijos han cambiado la prioridad: el volumen bruto de kilos o litros se está contrayendo en favor de productos de mayor valor unitario”, afirma. La lógica es sencilla. Un hogar de dos personas no necesita abastecerse de la misma manera que uno de cuatro o cinco integrantes. Esto abre espacio para formatos de menor tamaño, productos de consumo inmediato y soluciones que reduzcan el desperdicio. Yichang observa, por ejemplo, que los formatos familiares o de gran volumen pierden velocidad de rotación frente a presentaciones de menor gramaje, fáciles
