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Rodada ya la cuarta parte de este siglo XXI, ¿somos capaces de proyectar una imagen, más o menos clara, de la Lima vista por los cineastas peruanos contemporáneos? ¿Podemos sintetizar esta mirada a partir de filmes como “Rosa Chumbe”, “El limpiador” o “La teta asustada”? ¿Cuánto se diferencian las películas “Magallanes”, “Paraíso” o “A punto de despegar” de la tradición de décadas anteriores?
Para Cynthia Vich, la autora de “Lima en la pantalla”, la diferencia más saltante con respecto al cine del siglo pasado es que hoy son muchas las voces que cuentan la ciudad, gracias al financiamiento internacional que hoy domina y la circulación en mercados, talleres y laboratorios de festivales, señala la profesora de literatura y cine latinoamericano en la Universidad de Fordham, en Nueva York.
— Eso ha generado también que la visión que se ofrece de Lima pase por el tamiz de cómo quieren vernos desde fuera… ¿Cuánto influye esa mirada externa?
El peligro siempre está en caer en el exotismo.
— En los años 80 fue cuando más películas se hicieron sobre Lima. Pienso en las películas del Grupo Chaski o las de Francisco Lombardi. La ciudad vista desde la marginalidad…
Sí, desde el realismo social. Pero desde el nuevo milenio, a partir de “Días de Santiago”, “La teta asustada” o “Paraíso”, Lima ya no se ve como un análisis social, sino desde historias muy personales, desde la subjetividad. Conocemos Lima a través de las vivencias de personajes muy puntuales y de su mirada hacia su ciudad. Ese cambio de enfoque es uno de los cambios más importantes en la representación de Lima comparado con películas de décadas anteriores.
— Señalas que Lima siempre es mirada como un espacio hostil. Es curioso que nadie en el cine peruano le haya dedicado a Lima una mirada más amable.
El hecho de que esas películas den una imagen de una Lima hostil no significa que no haya amor. Es una relación muy compleja. Pienso en “Rosa Chumbe”: cuando Rosa (Liliana Trujillo) va donde la anticuchera y le pide “su yapita”. Es el único momento en que alguien le habla a Rosa con cariño; ella sabe que cuenta con esa generosidad. En el caso de “A punto de despegar”, tres señoras cocinan en el comedor y preparan los alimentos con música, bailando: es un momento de comunidad. En la misma “Paraíso”, una película sobre la frustración de jóvenes que sienten su barrio como una cárcel, y me fascina ese contraste entre la desesperanza de los muchachos frente a la belleza estética de las imágenes. Los chicos están sobre una piedra, colgados como pájaros, gritándole a la ciudad con toda su rabia. Pero sus insultos son un acto de amor.
— Mientras tanto, películas más comerciales como la serie de “¡Asu mare!” tienen una visión costumbrista de la ciudad.
“¡Asu mare!” idealiza el barrio desde un neocostumbrismo ‘marca país’, repitiendo los clichés criollos. Por eso no me interesaba trabajar este tipo de filmes.
— Otra manifestación clara de los personajes limeños en las películas es la desconfianza…
Es una de las características de ser limeño: desconfiar del otro. Hay una escena en “Rosa Chumbe”, cuando ella va al quiosco y compra unos chicles, y ambas —Rosa y la quiosquera— creen que una está estafando a la otra: “No me has dado el vuelto”, dice una. “Ya, tenga, señora desconfiada”, responde la otra. Es interesante porque, en general, Lima se manifiesta en las actitudes, en el humor, en los comportamientos.
— ¿Y cómo se mira la ciudad físicamente, sus íconos arquitectónicos, sus detalles?
Sobre la transformación urbanística de Lima, pienso, por ejemplo, en “El limpiador”. El filme utiliza íconos como el Circuito Mágico del Agua, el planetario, la línea 1 del metro o el entonces renovado Estadio Nacional para volverlos lugares fantasmagóricos. Todo luce vacío, todo resulta extraño y apocalíptico.
— Para terminar, ¿hablamos de la ciudad como escenario o como personaje?
La idea precisamente de la ciudad en estas películas es que es un sujeto, un agente catalizador de reacciones, de comportamientos, de emociones. Los personajes son producto de su entorno. Es el sujeto y la forma como se habita el lugar. La ciudad es un productor de dinámicas. El espacio te determina. Por eso pienso que la ciudad no es solo un escenario; es un agente, un personaje.
