Velvet, el bar de Joel Chirinos que va más allá del cliché del ‘speakeasy’

Todo bar que promete llevarte a otra época corre el mismo riesgo: quedarse en la escenografía. Luz de neón, un DJ, algo de grafiti y ya está, “concepto cumplido”. Velvet, el ‘sound bar’ que abrió en el centro financiero de San Isidro, coquetea con esa misma fórmula: el ascensor, el formato ‘speakeasy’, la referencia a personajes de la escena de Nueva York. Pero la diferencia está en la barra, no en la decoración.

Ahí manda Joel Chirinos, tricampeón del World Class Perú (2014, 2016 y 2025) y el primer bartender peruano en ganar esa competencia tres veces. Su carta no ilustra los años 70 y 80 de Nueva York: los traduce en técnica y se inspira en la música. Cada trago está pensado como una pieza sonora y esa metáfora, que podría sonar a ejercicio de márketing, aquí se sostiene en el vaso.

El Reverb es el ejemplo más claro: bourbon, Lapsang Souchong (un té negro chino ahumado sobre fuego de pino) y Cherry Heering (un licor de cereza danés, denso y con más cuerpo y menos dulzor que los habituales) construyen ese crujido de vinilo que el nombre promete, con notas tostadas y un amargor final que evita el error típico al reversionar un ‘old fashioned’, que es quedarse dulce. El Bassline, mi favorito, hace algo más arriesgado: una infusión de rooibos aporta el fondo ahumado, una reducción de maracuyá con especias suma acidez y el mezcal Alipus pone el peso grave. Para la espuma, en lugar de clara de huevo, usan Halo, un espumante natural a base de saponinas de quillay —una novedad en la coctelería que evita cualquier problema con el huevo, desde la salmonela hasta las alergias—.

De izq. a der.: Analog, un cóctel especiado, seco y con aromas tostados. Frecuency, cóctel amargo y cítrico. Y Mixtape, ‘long drink’ pisquero con maracuyá y grosellas negras.

El Pink Noise: vodka, fresas con rosas, Luxardo Maraschino y Carpano Dry arman, en el fondo, un cosmopolitan más serio que Chirinos llama “una melodía tranquila”. El Mixtape (pisco, grosellas negras, maracuyá) y el Frecuencia (gin, Campari, camu camu y tónica Fever-Tree, en copa de cobre) cierran la carta para quien prefiera experimentar con pisco o con gin, en formatos refrescantes.

Detrás de todo esto está la corriente Low ABV (alcohol by volume), que Chirinos no vende como tendencia, sino como criterio: menos alcohol por copa no es beber menos, es poder probar más sin que la noche termine en resaca. Es una lectura oportuna del momento que vive la coctelería limeña, donde el exceso empezó a leerse como falta de oficio y no como generosidad. Y en una ciudad que todavía confunde tomar mucho con pasarla bien, ese criterio dice más de Velvet que cualquier vinilo o cualquier ascensor.

Velvet no inventa la nostalgia ochentera ni el ‘speakeasy’. Lo que lo hace distinto es que ahí la estética no es una excusa para servir cualquier cosa en un vaso bonito. La barra de Joel Chirinos no se queda en el trago: pone en sintonía la carta, el piqueo y hasta el vinilo que suena esa noche.//

De izq. a der.: Analog, un cóctel especiado, seco y con aromas tostados. Frecuency, cóctel amargo y cítrico. Y Mixtape, ‘long drink’ pisquero con maracuyá y grosellas negras.

DATO

Dirección: Begonias 215, San Isidro

952 354 274 @barvelvetlima

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