- Agua Dulce y el libro del fotógrafo Adrián Portugal que la reivindica como el último refugio de la libertad limeña
- Los árboles más antiguos de Lima: conoce a nuestros ‘vecinos’ centenarios que embellecen y dan sombra en la ciudad
- De Francia a Colombia: la historia de las 52 extranjeras que prefirieron la pasión de nuestras tribunas sobre otras ligas de vóley
Ahora adultos, los vecinos todavía recuerdan cuando jugaban de niños en los patios de la casona. Hasta podían escuchar la misa del domingo en esa iglesia jesuita de estilo barroco edificada en 1752. El origen de la Casa Hacienda San Juan Grande se remonta a 1581 y, desde esa fecha, se volvió un valioso emblema del pasado limeño y del distrito de Surco.
MIRA TAMBIÉN: El mejor aliado contra el asma y las alergias en los niños: los beneficios de practicar natación
Mucha historia corrió ante los ojos de esta hacienda. Los siglos pasaron mientras la ciudad fue creciendo: las casas, edificios y avenidas la fueron acorralando. Mientras realizamos el recorrido junto a Betsalí Curi, historiadora de la Municipalidad de Surco, nos va contando, siglo por siglo, cómo estas tierras fueron cambiando desde su primer dueño, Diego de Porras Sagredo, quien en 1559 recibió la chacra del segundo marqués de Cañete para trabajarla.

Posteriormente, la dona a los jesuitas. En sus inicios coloniales había trapiches para la producción de azúcar y, con la administración jesuita hasta su expulsión en 1767, se ampliaron los cultivos de caña, vid y olivo.

Uno de los recuerdos anidados en el corazón de quienes conocen la casa hacienda es la historia del niño que se volvió héroe durante la Guerra del Pacífico. Este era Julio César Escobar, Julito. Desde aquí el ejército peruano se defendía del ataque chileno durante la batalla de San Juan: “Esta era la línea número uno de defensa de San Juan. Aquí estaba el coronel Belisario Suárez. Había bastante neblina y no se podía ver el avance de los chilenos. Cuenta la tradición que el niño de 13 años, Julito Escobar, se subió con agilidad a un pino inmenso desde donde logró observar por dónde estaban llegando”, declara la historiadora. Desde lo alto podía informar la posición de los soldados enemigos para atacarlos, pero fue descubierto y murió tras varios disparos.

Con la invasión chilena, el área de las rancherías, donde vivieron los indígenas y esclavos que trabajaron estas tierras, se convirtió en cuartel y caballerizas de las tropas chilenas. “Luego de unos años la recuperan los jesuitas, pero la hacienda estaba destruida y comienza a pasar de mano en mano. A fines del siglo XIX es que se empieza a plantar uva y a producir vino en todo este valle, y se instalan varias familias italianas”. El pino histórico cayó en 2001 con 247 años de vida, pero todavía se conserva. Su tronco se guardó y se encuentra cerca de la iglesia principal, haciendo recordar este triste pasaje de nuestra historia decimonónica. En el patio interior de la casona plantaron un nuevo pino que se luce actualmente mirando la ciudad.

Un referente cultural
Durante los últimos 50 años, la Casa Hacienda San Juan Grande fue ocupada por invasores que alteraron su arquitectura, la misma que está siendo recuperada poco a poco. Ahora se encuentra cercada y solo transita ese esplendor virreinal todavía presente a través de su iglesia, con su fachada, murales y techos restaurados, al igual que buena parte de la casa hacienda levantada en 1719 y sus patios interiores.

Pronto, el área de las rancherías será reconstruida y restaurada gracias a un convenio de la Municipalidad de Surco con la Fundación Ignacia, dueña del predio, para convertirlo en un punto clave del turismo y la cultura. Al caminar por las rancherías, ahora destruidas, todavía se ven las señales de su invasión. Hay muros de adobe original cubiertos de cemento y paredes levantadas con ladrillo para crear más divisiones. Todo este espacio tendrá una nueva cara: “A partir del anteproyecto realizado por la Universidad de Lima hemos desarrollado el expediente técnico de esta obra que se empezó a ejecutar desde la semana pasada. El objetivo es que se genere un punto obligado de turismo en Lima”, nos comenta el ingeniero Elías Ruiz, gerente de Servicios a la Ciudad de la Municipalidad de Surco.

Después de la reconstrucción del sector de las rancherías se implementarán salas de exposiciones, espacios de usos múltiples, áreas audiovisuales, áreas de talleres vitivinícolas y gastronómicos. También se construirá una plaza con pérgola al centro destinada a actividades gastronómicas y exposiciones; estacionamientos, jardines y un muro perimétrico. El ingeniero Ruiz anuncia que los trabajos demorarán 240 días calendario —es decir, ocho meses—.

La iglesia San Juan y la casona no se abrirán al público, pero sí toda la zona de las rancherías y espacios que estarán diseñados precisamente para que los vecinos disfruten del espíritu original de esta casa hacienda, una de las pocas que se encuentran aún en pie. //
