“En el horizonte de probabilidades, el triunfo sería una proeza”: Renato Cisneros explica por qué es un sueño que la ‘U’ clasifique en la Libertadores ante River

Del equipo crema que a inicios de mayo del 2010 disputó los octavos de final de la Libertadores contra Sao Paulo, el único jugador que hoy continúa en actividad –lamentablemente lejos de nuestra tienda– es el ya veterano Raúl Ruidíaz. Los otros dos de aquella alienación que mantienen vigencia mediática son Piero Alva, actual técnico de la Sub-18 de la U, y el Negro Galván, reinventado como comentarista en un programa de streaming. Los demás –Rabanal, Revoredo, Toñito Gonzáles, el mexicano Fito Espinoza, etcétera– son figuras difuminadas en la memoria del hincha, apellidos significativos, pero no memorables. Dirigido por Juan Reynoso, ese equipo cumplió un papel muy decente frente al Sao Paulo de Rogério Ceni, Wagner y Cicinho; y después de empatar sin goles en la ida y en la vuelta se quedó fuera de la siguiente instancia por patear mal los penales decisivos (al final perdimos 1-3).

Pero ese antecedente suena a álbum percudido, al último episodio de una serie olvidada (en 2010, además, el Perú era otro: Alan García era presidente, Vargas Llosa recibió el Nóbel, Susana Villarán se convirtió en la primera alcaldesa de Lima). Han pasado quince largos años desde entonces, el contexto general ha cambiado muchísimo, y ya va siendo hora de que los hinchas de la U veamos a nuestro equipo progresar de fase en el torneo más importante del continente. Queremos el tricampeonato nacional, sin duda, pero también avanzar en la Libertadores y justificar la fama histórica de ser «los más coperos» del país.

No creo pecar de iluso si digo que el conjunto de Fossati –a pesar de su nivel irregular, su merma física, y de la por momentos desesperante terquedad de su técnico– puede asumir ese doble reto; primero, porque todavía no ha tocado su techo de calidad, y porque, cuando sus cuatro o cinco hombres fundamentales están inspirados en simultáneo, la U es capaz de hacerle daño a un rival más poderoso, aunque se llame River Plate y el encuentro tenga lugar, no en el Monumental de Ate, sino en el Monumental de Núñez.

En el horizonte de probabilidades, el triunfo sería una proeza, pero el empate asoma como resultado verosímil: la U ya no es el cuadro timorato que perdió en casa frente a los ‘Millonarios’ de Marcelo Gallardo; ahora, creo, está en una mejor racha anímica y con más hambre que al principio de la rueda. Además, la U tiene que buscar la clasificación, no le queda otra, y ese tipo de exigencia, lejos de constituir una presión, suele resultar un aliciente en la tradición crema. Pero, a ver, esto es fútbol y es posible también que River desplume nuestras esperanzas con cuatro goles inobjetables. Confiemos en que no será así, que la concentración y la suerte estarán de nuestro lado, y que hoy, después de tres lustros de campañas mediocres, aterrizaremos en los preciados octavos de la Copa.

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