¿Hijos o “perrhijos”? Por qué los millennials peruanos están replanteando lo que significa formar una familia ¿Viajarás con tu mascota en avión? La guía con todo lo que debes saber desde antes de abordar el avión ¿Quién se queda con el perro tras una separación? Así funciona la custodia de mascotas en el Perú Como tutores de gatos, siempre estamos buscando nuevas formas de entretenerlos, estimularlos y, en definitiva, darles una buena vida. Y las redes sociales pueden convertirse en una fuente constante de ideas. Al menos eso me ha pasado últimamente gracias a mi algoritmo, el cual está lleno de gatos jugando con sus tutores y, en muchas escenas, hay un elemento que se repite: el puntero láser. MIRA: ¿Pueden los perros grandes vivir bien en espacios pequeños? Lo que dicen los especialistas en bienestar animal El gato corre detrás del punto rojo, salta sobre él, cambia de dirección, vuelve a perseguirlo. Y es que para quien lo mira, parece la definición de un gato feliz jugando. Incluso lo he visto a la venta en veterinarias, lo que hace que resulte todavía más fácil asumir que se trata de una herramienta segura y estimulante para nuestros felinos. Pero hay algo que empecé a preguntarme cada vez que veía estos videos: ¿qué pasa cuando ese cazador nunca consigue atrapar a su presa? ¿Por qué los gatos se vuelven locos con un puntero láser? Aunque muchos tutores puedan pensar que el color que emiten los punteros láser es el responsable de que los gatos estén “fascinados” con este juego, en realidad tiene mucho más que ver con la manera en que se mueve. Para un gato, ese pequeño punto de luz puede reproducir alguna de las características de aquello que su cerebro está preparado para perseguir. “Los gatos se sienten atraídos por el puntero láser porque el punto de luz se mueve de forma rápida, errática e impredecible, de manera similar a una presa pequeña que intenta escapar, como aves y roedores”, explicó Kris Barreto, subgerente de Operaciones en Superpet a Somos. Su sistema visual está especialmente adaptado para detectar el movimiento, incluso cuando es muy sutil, por lo que un pequeño temblor de la mano puede captar su atención y activar conductas naturales. Pero si el láser consigue activar con tanta facilidad ese instinto, ¿qué está intentando completar el gato cuando persigue ese punto de luz? Para entenderlo, es importante saber que la conducta de caza del gato no empieza cuando corre detrás de una presa ni cuando la alcanza. Según Luis Buitrón, médico veterinario especializado en Comportamiento y Bienestar Animal y director general de CogniVet, todo comienza con la búsqueda, etapa en la que el gato utiliza la vista, el oído y el olfato para detectar una posible presa. Cuando la identifica, concentra su atención en ella y comienza el acecho. Después llega la persecución, una fase que exige tanto esfuerzo físico como concentración. “Detectar, acechar, perseguir, capturar y finalmente alimentarse: esa es, a grandes rasgos, la secuencia que desarrolla un gato cuando caza”. Por ello, la captura no es un detalle menor. Cuando el felino se abalanza sobre la presa, la atrapa y la mata, completa una secuencia que resulta autorreforzante y que está asociada a mecanismos neurobiológicos de recompensa. Por eso existe una motivación intrínseca para repetirla. Y ahí aparece la particularidad del puntero láser. Y es que el estímulo consigue reproducir una parte muy activa de la caza —el movimiento, el acecho y la persecución—, pero hay algo que el gato nunca puede hacer: atraparlo. Es decir, el punto de luz siempre desaparece antes de convertirse en una presa real. ¿Qué pasa cuando un gato persigue una presa que nunca puede atrapar? El problema aparece precisamente en el momento en que termina el juego. Él ha corrido, perseguido y tratado de atrapar el punto de luz, pero no existe una recompensa al final. “Lo que ocurre principalmente es frustración porque el proceso de caza queda incompleto”, advirtió Cecilia Padilla, médica veterinaria y directora médica de la Veterinaria PetyLab. Y es que incluso desde el punto de vista sensorial, el animal no puede olfatear, escuchar, ni sentir la presencia de la presa, ya que es solo una luz. Esto no significa que un gato vaya a frustrarse necesariamente cada vez que juega con el láser, pero cuando la experiencia se repite y el gato persigue una y otra vez algo que nunca puede capturar, puede comenzar a mostrar cambios en su comportamiento. De acuerdo con la doctora Padilla, una de las posibilidades es que aparezcan conductas compulsivas relacionadas con luces, sombras o reflejos. Así, un gato que comenzó persiguiendo el punto del láser puede continuar buscando otros estímulos similares incluso cuando el juego ya terminó. Una sombra que se mueve en la pared, un reflejo en el suelo o un destello de luz pueden volver a activar el intento de persecución. También puede aparecer una conducta predatoria redirigida. Buitrón aseguró que un gato que juega frecuentemente con un láser podría desviar sus intentos de captura hacia manos o pies de sus tutores, o incluso hacia otras mascotas del hogar. Sin embargo, estas respuestas no aparecen necesariamente en todos los gatos. Como señaló la médica veterinaria, existen predisposiciones individuales y no todos los animales responden de la misma manera. El temperamento y las condiciones en la que vive el gato también pueden influir. “Los gatos indoor (sin acceso al exterior) son los más predispuestos, ya que el juego representa la única actividad que reemplaza a la conducta predatoria. Además, los más jóvenes (de 1 a 2 años) suelen presentar una conducta de juego más intensa y frecuente, por lo que una alteración en la secuencia puede resultar en problemas”, añadió el etólogo. Entonces, ¿cómo puede saber un tutor que el juego está dejando de ser simplemente eso, un juego? María Lourdes Velarde, decana de la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Científica del Sur, nos propone fijarnos, sobre todo, en lo que ocurre cuando