Más que un aeropuerto: las cifras del primer año de operación y cómo el Jorge Chávez apunta a ser un hub para el e-commerce Mundial 2026: ¿El optimismo entra a la cancha? Así viene el consumo mundialista y por qué se espera que genere más de S/800 millones en Perú Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) continúan en la mira de algunas propuestas congresales que apuntan a insistir en nuevos retiros de fondos. Aun así, para Aldo Ferrini, CEO de AFP Integra, la intención de impulsar estas iniciativas no se ha materializado. El ejecutivo conversó con El Comercio sobre el desempeño de las compañías del sistema, el rendimiento de los mercados en un contexto de volatilidad, y la implementación de la ley de Modernización del sistema. En el panel de CEO del Día1 Summit mencionó que si seguimos creyendo en la historia de las “cuerdas separadas”, una política y otra económica, estamos destinados a fracasar. ¿Podemos estimar el impacto de la inestabilidad política a la fecha, más allá del crecimiento que se ha sostenido en esta última década de incertidumbre? Ese es justamente el problema: es difícil de medir. Es la ilusión de que podemos coexistir con “cuerdas separadas” porque la macro es sólida, porque hemos tenido ene presidentes y porque, aun así, el tipo de cambio sigue relativamente estable. Uno dice: “Ok, no pasa nada”, pero el gran problema es el costo de oportunidad. Es la oportunidad de crecer no a 3%, sino a 6%; la oportunidad de usar los recursos que genera la economía, que genera el Estado, de manera eficiente. Hoy tienes un Estado ineficiente que, con todos los recursos que hay, no es capaz de invertir bien en salud, en educación o en infraestructura. Eso se evidencia a nivel nacional. Es difícil explicar esta especie de “milagro macroeconómico peruano” por un lado y, por otro, que en zonas de Lima urbana no haya acceso sencillo a agua potable, y si sales de Lima, peor aún. Creo que esa polarización que estamos viendo en el país es consecuencia de esta idea de que vivíamos con cuerdas separadas de manera funcional. No se vive de manera funcional, porque el bienestar no está llegando a la gente; al menos no a todos. Ya pasó una década, hay que olvidarnos de lo que pasó, aprender de los errores y apuntar a que, en los próximos cinco o 10 años, podamos aprovechar las condiciones globales —que son aún mejores—. No podremos aprovechar esa oportunidad si el Ejecutivo, el Congreso, el sector privado y el ciudadano no están conectados, porque los planes de largo plazo no se están dando. Cuando uno habla de planes, dice “el Perú al 2030″ o “el Perú al 2050”. Hoy no podemos pensar ni hacia el 2027. ¿Lo que estamos viendo ahora es, sobre todo, resultado de una gestión pública deficiente? ¿O también hay cambios que podrían requerirse en el sistema económico vigente? Yo creo que responde a la dinámica del sector público. No quiero ser duro con el funcionario público que ha decidido quedarse; hay mucha gente que se está quedando en esta coyuntura. Pero, ¿cómo trabajar en una empresa donde cambia el jefe todos los días? Es frustrante. Hay mucha gente con vocación de servicio público que sigue ahí, a pesar de la dificultad, y la coyuntura ha generado que muchas personas aceleren su carrera, ingresando a posiciones para las cuales no tienen experiencia. En muchos casos, esto ocurre porque las personas con más experiencia dicen: “Yo no puedo exponerme porque tengo una reputación que cuidar”. Entonces, lo que hoy tenemos en el sector público es seguramente gente muy capacitada, pero que está asumiendo responsabilidades para las cuales todavía no está preparada. Los estamos empujando al abismo. Eso hace que las cosas no funcionen bien. También está la gente que entra al sector público por corrupción. Pero, mirando el vaso medio lleno, creo que hay una capacidad en el Estado que se puede recuperar. Las estructuras que le siguen a los ministros solían estar mucho más asentadas, y eran las que daban continuidad. Pero eso ha cambiado. Hoy es muy difícil sentarse a hablar; no hay continuidad de estrategia ni de visión. Estoy seguro de que eso pasa en todos los sectores. ¿Evidencia, también, un contraste aun más marcado entre lo que solía ser la gestión del MEF frente a entidades como la SBS o el BCR? Creo que el MEF todavía tiene estructuras que funcionan, aunque podría ser mucho mejor si hubiese una estructura que le dé tranquilidad al funcionario medio. Al final, cuando uno asume un rol de liderazgo —sea en el sector público o privado— asume riesgos y protege a los equipos. En el mundo privado pasa igual: yo asumo el riesgo porque entiendo, ya pasé por esas situaciones y tengo más herramientas para tomar decisiones y argumentar por qué vamos por tal ruta. Eso le da tranquilidad a los equipos para trabajar. Lo mismo pasa en el sector público. Lo que hemos visto en los últimos años es que esa capacidad de asumir riesgo, ante la alta rotación ministerial, termina recayendo en el funcionario intermedio. Y eso entorpece la dinámica. Por eso abundan proyectos que no salen. […] Eso hace que no vengan todos los postores que podrían venir a competir; hay menos competencia, el costo es más alto y no necesariamente vienen los mejores. Hemos pasado por el octavo retiro de pensiones recientemente. ¿Qué tanta resiliencia tienen desde las AFP si se vuelve a abrir una ventana de liquidez masiva? Respecto a pensiones, este período electoral ha sido, en balance, bastante neutral hacia positivo. No ha habido propuestas disparatadas en pensiones. Creo que la Ley de Modernización del Sistema ha terminado siendo una especie de muro de contención para este tema, porque tiene cosas buenas y realmente apunta —como siempre hemos dicho— en la dirección correcta. Una propuesta de noveno retiro genera titulares, pero hoy no veo una intención real; creo que no se va a dar, por