Mafe sin R, el nuevo rostro de la generación centennial que vendió su canal de YouTube para comprarse una computadora y hoy triunfa en Zaca TV

“Si alguien tiene un mal día, me gustaría poder alegrárselo aunque sea unos minutos”, dice Mafe sin R, quien usa sus redes sociales como si estuviera frente a sus amigos porque apuesta por la cercanía sin caretas; y es precisamente por esto que dejó de publicar durante cinco años. En entrevista con Somos cuenta que dejó de sentirse ella, la universidad y otras responsabilidades la hicieron perderse y ella se debía a sus “amigos de redes”, así que no les podía mentir. Además, habla de su vuelta a las redes sociales, de que prefiere que le llamen “creadora de contenido” y de su ingreso a Zaca TV.

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Mafe tiene 25 años, pero su historia en internet empezó mucho antes. En el 2015, junto a dos amigos, abrió un canal de YouTube, época en la que grabar videos probando dulces o hablando del colegio era suficiente para conectar con miles de personas. “Éramos unos bebés”, recuerda. Ese primer proyecto duró poco más de un año, pero marcó el inicio de algo más grande: su propia voz.

Cuando los tres comenzaron a tomar rumbos distintos, decidió crear su propio espacio. Así nació Mafe sin R, un canal donde lo cotidiano se volvió contenido. No había guiones elaborados ni estrategias complejas: hablaba como si escribiera un diario. Y funcionó. Su comunidad creció, la seguían personas de su edad y también adultos que encontraban en su espontaneidad una compañía para los días largos.

Pero crecer en redes no siempre es lineal. A los 17 años, con miles de seguidores y un canal consolidado, tomó una decisión que hoy reconoce sin filtros: vendió su cuenta de YouTube. “Fue impulsivo. Me arrepiento”, admite. Era pandemia, había dejado de crear contenido y sentía que esa etapa había terminado. Además, quería una computadora para jugar, en ese momento consideró que lo que había hecho era lo mejor.

En paralelo, su vida fuera de la pantalla también cambiaba. Entró a la universidad, estudió comunicaciones, aunque lo suyo, confiesa, siempre fueron las artes escénicas, y poco a poco esa versión suya que vivía para crear empezó a apagarse. “Siento que me perdí”, dice. La rutina, las expectativas y un camino que no terminaba de llenarla la alejaron de lo que más disfrutaba hacer.

Entonces vino el “silencio digital”. Menos publicaciones, menos interacción, menos comunidad. De más de 100 mil seguidores activos a apenas unos cuantos mensajes al día. Y, sin embargo, nunca cerró la puerta del todo.

El punto de quiebre llegó varios años después: una oficina en un nido, el sonido constante de niños llorando y la sensación de estar en el lugar equivocado. “No era lo que me movía”, cuenta. Fue ahí donde se hizo una pregunta simple pero decisiva: ¿por qué no volver a redes?

La respuesta llegó en forma de reto personal. El 1 de enero de este año decidió subir contenido todos los días. Sin ideas claras, solo confiando en su instinto y en sus ganas de cambiar su rutina.

Mafe sin r vendió su cuenta de YoTube para comprarse una computadora. Hoy regresa a las redes sociales.

El retorno no fue inmediato ni masivo, pero sí real. Algunos videos empezaron a circular, antiguos seguidores regresaron y nuevos comenzaron a aparecer. “Antes me escribían cien personas al día, ahora eran cinco, pero escuchaba a esas cinco”, dice. Para ella, la comunidad nunca fue una cifra, sino un vínculo.

Hoy, además de reconstruir su presencia digital, vive una nueva etapa como conductora de Somos lo que somos en Zaca TV, uno de los programas de streaming más vistos por los centennials, conducido por los hermanos Giacomo y Dominico Benavides, Gia Meier y Andrea Noriega. Un salto importante, especialmente en un espacio con una audiencia ya consolidada. La transición no ha sido sencilla: reconoce los nervios, la presión y las comparaciones inevitables con el elenco anterior. Pero también entiende algo clave: el cariño del público se construye.

“Hay gente que no lo ha tomado tan bien, y es válido. Pero esto es poco a poco”, dice, con la paciencia que la caracteriza. Además, no le incomoda que cuando anunciaron al nuevo elenco, los usuarios de redes sociales preguntaran quién era ella. “No me molesta cuando alguien pregunta quién soy”, asegura.

En medio de esta nueva experiencia, hay algo que no ha cambiado: su forma de ver el contenido. No lo concibe como un trabajo tradicional, sino como una extensión de sí misma. Por eso, evita seguir tendencias de manera automática y prefiere crear desde lo que siente. “Si a mí me gusta y creo que a la gente le puede gustar, lo hago”.

Más allá de las redes, sus planes también miran hacia otros “grandes” escenarios. Quiere retomar la actuación, explorar nuevos formatos y, en algún momento, crear algo propio que trascienda la pantalla y que la siga conectando con sus “amigos de redes”. Porque si algo define a Mafe sin R es la espontaneidad, la misma que la hizo crecer, desaparecer y volver.

Hoy, en un espacio virtual donde todo es rápido y muchas veces superficial, ella apuesta por algo más simple: ser real. “Lo más importante es ser honesto con uno mismo”, dice.

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