“Fue divertidísimo, escribiendo sobre la marcha”: el recuerdo de cuando Mario Vargas Llosa cubrió un Mundial para El Comercio
¿Qué busca la ‘U’ sin Bustos?: El alto perfil del nuevo técnico para la crema y cuándo se define el reemplazo Pedro Troglio, exentrenador de la ‘U’, y la picante broma a ‘Pipo’ Gorosito: “Si entra esa de Cavani, ¿sabes donde estaría ahora?» La muerte de Mario Vargas Llosa (1936-2025) entre tantos conceptos que llenó su vida no puede estar desvinculada a lo que fue el fútbol para él del que siempre estuvo agradecido cuando lo jugó muy jovencito por las divisiones de menores de Universitario de Deportes. En cierta ocasión llegó a decir: “Jugaba en la línea media, donde están los estrategas, pero nunca me destaqué. La vida me empujó hacia otras direcciones”. Recuerdo, incluso, cuando en mi función de Editor de Deportes para el Mundial del España 82, fue uno de los columnistas de “El Comercio” junto a Emilio Lafferranderie ‘El Veco’ (1931-2010). Al volver nos dijo: “Fue divertidísimo, escribiendo sobre la marcha, corriendo de un lado para otro, sin tiempo para corregir”. Hoy debemos añadir que MVLL acabó no solamente siendo agradecido al fútbol ya como un simple espectador sino como escritor por lo que le significó como materia para su creación literaria: “Un partido de fútbol puede ser una novela porque tiene un arranque, un desarrollo, unos momentos de intensidad emotiva, con finales felices y a veces trágicos. La crítica de fútbol es una formidable máquina creadora de mitos, un espléndido surtidor de irrealidades que alimenta el apetito imaginario de vastas multitudes”. Mejor verdad ni en la China. Es en este redondo mundo del fútbol cuando ayer recordé tres encuentros que tuve con tres famosos del mundo literario como MVLL: el argentino Roberto Fontanarrosa (1944-2007), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2007) y el uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Con el primero la tarde del 8/6/1997 cuando las selecciones de Argentina y Perú se enfrentaron en el Monumental de River por las Eliminatorias del Mundial de Francia 98. El partido lo perdimos 0-2. Bueno, ese día por una suerte infinita me tocó sentarme al lado de Fontanarrosa. Deleite de conversación. En un momento dado me llegó a decir “vas a ver que ni bien se asome tu selección el Monumental se va a venir abajo”. Así fue. Medio incrédulo lo quedé mirando y me acota sonriendo: “Viste: lleva la blanquirroja sobre el pecho igual que la de River Plate y encima con la banderola de las Malvinas son argentinas ¡Por favor! ya no jueguen y vámonos todos”. El ‘Negro’ como le decían fue un auténtico apasionado del fútbol. Es autor de los mejores cuentos que se hayan escrito sobre este popular deporte y en frases no se quedó atrás: “Mi Rosario Central es prioridad uno. No me vengan con el cumpleaños de mamá. Yo me voy a la cancha. Eso es innegociable” y “Algunos intelectuales serios habrán ocupado sus horas leyendo a Tolstoi mientras yo leía El Gráfico”. Con Roa Bastos fue la mañana del 11/11/2000 en su departamento de la calle México 346 entre Mariscal Estigarribia y 25 de Mayo, Asunción. De arranque me dijo: “Me disculparán que los reciba así, pero déjenme ponerme un saco, peinarme de paso para salir bonito aunque mantendré mis pantuflas porque en las fotos casi nunca salen los pies”. Tocando el tema del fútbol alcanzó a decir que lo jugó aunque luego se retiró cuando le fracturaron el tobillo. “Fue un aviso de que realmente no servía para el asunto tan espléndido que es con el grito de gol”. Nos confió que llegó a conocer a Arsenio Erico, el famoso futbolista compatriota suyo. “Fue un personaje interesante como me imagino lo fue Lolo Fernández entre ustedes”. Sobre Mario Benedettti la cita fue el mediodía del 24/4/2005 en su departamento de la calle Zelmar Michelline en pleno centro de Montevideo. Hincha del Nacional toda la vida no tuvo repararos en decirme que dejó de ir a verlo por las ‘barras bravas’, las noticias que más iban por las cifras de los pases, casamientos de jugadores o peleas con el técnico y cero comentarios de una buena jugada. Con el rostro muy serio mientras era asistido por su secretario Ariel García siguió: “Percibo que se está dejando de lado al deporte como juego limpio para pasar a convertirlo en un negocio millonario y nada limpio. Mientras parecía sentirse incómodo (“señores, estoy trabajando con Ariel y nos gana el tiempo”) se dio un respiro: “Pero tampoco puedo ser ingrato con el fútbol ya que gracias a nuestros futbolistas nos conocieron en el mundo”. Y como despedida remató: “No dejo de pensar que un estadio de fútbol vacío es como un esqueleto de multitud”. Me la jugué en los descuentos cuando le hablé de Perú que le sirvió de asilo cuando era un perseguido político y de su figura de ateo. “Sí, gracias a los inmensos amigos peruanos que aún recuerdo con gratitud pasé momentos inolvidables el tiempo que tuve con ellos y sobre lo de ateo el gol de Maradona a los ingleses con la ayuda de la mano divina es, por ahora, para mí la única prueba fiable de la existencia de Dios”. Me pregunto ¿y por el otro lado del mundo qué personajes literarios como MVLL les gustó y hasta llegaron a jugar fútbol? Esto considerando el avance tecnológico impresionante de este Siglo XXI sobre las comunicaciones que el internet en cuestión de segundos te pone al día en lo que quieres sin perderte en horas sobre horas, como el siglo pasado, en las hemerotecas buscando datos. Así pude conocer que los escritores Arthur Conan Doyle creador del famoso detective Sherlock Holmes fue arquero. Lo mismo que Vladimir Nabokov, autor de “Lolita”; Miguel Delibes autor de su obra famosa “Cinco horas con Mario”; Ryszard Kapuscinski con su libro cumbre “Viajes con Herodoto” todos ellos arqueros e igual Albert Camus que escribió “La Peste” y “El Extranjero” un prometedor guardavalla pero la tuberculosis acabó muy pronto con su vida pero no sin antes dejar esta célebre frase: “Todo cuanto sé con mayor
