Murió Alfredo Bryce Echenique: reacciones y últimas noticias EN VIVO Falleció Alfredo Bryce Echenique: Por qué eligió esta foto para ilustrar la portada de “Permiso para retirarme” En 1965, en Río de Janeiro, Mario Vargas Llosa fue al estadio. No a ver un partido cualquiera. El escritor peruano que pocos años antes había ganado el premio Biblioteca Breve por “La ciudad y los perros”, y que todavía no cumplíia los treinta años, presenció un amistoso entre Brasil y Alemania en el que se encontraban algunos campeones del mundo de Suecia 1958 como Djalma Santos, Mané Garrincha y, por supuesto, Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, de quien diría era “el más extraordinario jugador que he visto”. MIRA: Guía (no tan triste) para adentrarse en el mundo de Alfredo Bryce Echenique Cuarenta y cinco años en el futuro, ahora en el césped del Santiago Bernabéu, se presentó un Vargas Llosa septuagenario, con los cabellos plateados, el abrigo profundamente oscuro y un Nobel bajo el brazo. Acompañado de Íker Casillas y Joaquín, capitanes del Real Madrid y el Valencia respectivamente, el novelista dio el famoso play de honor en los prolegómenos del partido. En 2011, en febrero, tras un corto pero emotivo discurso en la cancha del Estadio Monumental, y luego de un cierre a grito de “¡Viva la U”!, el Nobel ondeó la bandera de Universitario de Deportes frente a la ovación de casi ochenta mil almas. José María Arguedas fue vecino victoriano y amigo de Héctor Teodulio Legario, arquero de Alianza Lima y cuatro veces campeón con el club íntimo. Aunque asociar al autor de “Los ríos profundos” con el mundo andino y la corriente indigenista es inevitablemente lógico, el investigador y crítico Ernesto Toledo Bruckmann afirma en su libro “Arguedas, el encuentro con Lima y su iniciación política: 1911- 1938″ que “Arguedas tuvo una estancia cordial en la ciudad” y fue allí donde forjó no solo tantísimas amistades sino algunas aficiones como aquella predilección por Alianza Lima. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Diario El Comercio (@elcomercio) A diferencia del hinchaje confeso y comprobado de Vargas Llosa por la U, lo de Arguedas siempre estuvo en una especie de limbo entre lo mitológico, lo ficcional y lo emocional. Sin embargo, entre las pruebas más contundentes se encuentra lo dicho por Víctor Bustamante Moscoso en el libro ‘Apuntes inéditos: Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas’, de Carmen María Pinilla, en el que afirma lo siguiente: “(…) Discutíamos sobre fútbol. Él era hincha de Alianza Lima, siempre tirando a los desposeídos. Yo era hincha del Sport Boys del Callao. Me fastidiaba con el negro Barbadillo de mi equipo: según él, era un teatrero que, al primer roce con un rival, se tiraba al piso – lo cual era verdad-”. Además de la dinámica de lo impensando, en palabras de Panzieri, o un gran simulador de la vida, en las de Valdano, el fútbol es una constante en la biografía y obra de algunos (muchos) escritores y escritoras peruanos. Bryce tapó en el Nacional y Ribeyro no corría Alfredo Bryce Echenique era especial hasta para las pasiones. Y es que el autor de “Un mundo para Julius” le confesaría a su gran amigo Julio Ramón Ribeyro que era hincha del hoy irrastreable Ciclista Lima, no sin antes subrayar que alguna vez le había tocado pararse entre los tres palos en el Estadio Nacional: “…fui arquero de los juveniles de la U, en la época de Perón y Odría. Entré a la cancha dando botes a la pelota. Me la quitaron y la tiraron a la tribuna, a la zona del Alianza y no me la devolvieron. Pero recuerdo que entregué mi valla invicta frente al Independiente de Buenos Aires”. El ‘flaco’, por supuesto, no se quedó atrás pues comentó, siempre con esa mezcla entre humildad e irreverencia, que solía jugar cuando era alumno del colegio Champagnat, aunque no corría mucho debido a una afición precoz por los cigarrillos. Años más tarde, escribiría “Atiguibas”, un relato en donde los lectores encontramos al cañonero crema Lolo Fernández como protagonista. “Una obra de arte, un modelo de fuerza, técnica, coraje y oportunismo”, describiría Ribeyro al goleador merengue. Mucho tiempo después, cuando su biógrafo y amigo Jorge Coaguila le preguntó “¿De dónde viene el título del cuento (Atiguibas)?” Ribeyro le contestó que este jamás sería revelado, para que luego de un instante estallase en carcajadas mientras respondía de “Hasta las huevas, pues”, ya que era lo que coreaba la tribuna. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por DT El Comercio (@dtelcomercio) Una de las poetas peruanas más famosas es sin duda Blanca Varela quien en su libro “Canto villano” incluyó el poema”Fútbol”. En él, además de la evidente sugerencia del título, habla de la infancia y trasciende la descripción de la simple actividad motora y la plasticidad de los cuerpos, para embarcarse en la evocación de la paternidad y cómo el hijo encuentra la felicidad y el mundo pateando una pelota. Narradores que juegan o jugadores que narran Leonardo Aguirre es fumador como lo era Ribeyro pero, a diferencia del flaco, él sí corre. Salvo por una lesión que lo ha alejado de las canchas por unos meses, el autor de “Nueve vidas”, “Una cocina surge – Crónica rimada de Lima”, entre otros títulos, se mantiene activo y comparte cancha con sus amigos y colegas semanalmente de manera religiosa: “Desde que teníamos pelo, peloteamos. Ya van 15 años. Poetas y narradores, también editores. Pasto sintético. Y sintético seré, ni modo, pues el espacio es corto. Los de corto: Pólack, Méndez, Muñoz, Sánchez, Ledesma, Trelles, Ruiz, Pera, Freyre, Neyra (quizá Pimentel, capaz Guillén, incluso Page). En consecuencia, la conversa es libresca: la previa. Pero luego, cuando rueda la de cuero, la literatura se clausura. Ya no somos escritores: apenas hombres. O menos que tales: neandertales. La pelota no se mancha, ni siquiera de tinta”. En el caso de José Carlos Yrigoyen, narrador, poeta y crítico, autor de “Con