López Aliaga plantea cárceles en la selva en vez de El Frontón: ¿qué pasó con El Sepa?
Playa La Herradura recupera su arena: ya no tiene piedras y bañistas veranean sorprendidos Plantean que el término “género” se use solo en caso de hombre y mujer: el posible impacto en el país El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, volvió a rechazar el proyecto de reabrir la isla El Frontón como centro penitenciario. En su lugar, planteó retomar el modelo de la antigua Colonia Penal Agrícola de El Sepa, en la selva alta, donde –según dijo– la presencia de las “shushupes”, consideradas las serpientes más peligrosas del Perú, impediría la fuga de los reclusos. “El país está en guerra, por eso debemos estar unidos para enfrentar a la delincuencia”, sostuvo el burgomaestre, quien además insistió en la necesidad de instaurar tribunales militares para sancionar con severidad a los responsables de los homicidios, que según él cobran la vida de ocho peruanos al día. López Aliaga también saludó la aprobación en el Congreso de la ley contra el “terrorismo urbano” y la aplicación de la cadena perpetua. En esa línea, propuso que integrantes del Tren de Aragua y de otras organizaciones criminales sean trasladados a El Salvador, para ser internados en los severos Centros de Confinamiento del Terrorismo (Cecot). Hubo una época en el Perú donde el recinto penitenciario más temido por los delincuentes se encontraba muy lejos de los 4.600 metros de altitud y los 20 grados bajo cero de Challapalca. El incesante calor, la espesura del bosque y un terreno realmente agreste hacían de este un lugar tan inaccesible que no hacían falta muros para mantener a raya a los reclusos. Se trata del SEPA (Colonia Penal Agrícola del Sepa), el cual funcionó el siglo pasado en la selva de Ucayali, un modelo penitenciario con las más severas normas de conducta cuyo relanzamiento es propuesto cada cierto tiempo por alguna autoridad. LEER TAMBIÉN: “Es hablar contra una pared”: López Aliaga reclama acción a Boluarte ante la inseguridad Precisamente, en una reciente entrevista para El Comercio, el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, sugirió que como parte de las medidas en materia de seguridad ciudadana el Gobierno debería construir cárceles en la selva, tomando como referencia el SEPA. “Tenemos que invertir. Invirtamos en seguridad ciudadana. El otro gran tema: cárceles en la selva. Hay grandes áreas para hacer nuevas SEPA. También ponerle grillete electrónico a sentenciados de delitos menores para tenerlos ubicados (…)”, comentó. Cabe señalar que en los últimos años se ha hablado en más de una ocasión sobre este tipo de penal dentro de las esferas políticas. Durante su último mandato, Alan García se mostró entusiasta con una posible reapertura y hasta mencionó la posibilidad en uno de sus mensajes presidenciales. En esa misma línea se manifestó Pedro Pablo Kuczynski. Incluso, el expresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Luis Bambarén, llegó a referirse al respecto debido a los altos índices delictivos en el país. No obstante, la propuesta nunca ha llegado a prosperar, manteniéndose en el tintero hasta que nuevamente alguna otra autoridad política lo ponga en la mesa. La Colonia Penal Agrícola del Sepa fue una penitenciaría peruana sin muros establecida cerca de la desembocadura del río Sepa, en el bajo río Urubamba, en el distrito de Sepahua, provincia de Atalaya (Ucayali). Fue creada en el gobierno del expresidente Manuel A. Odría, funcionando entre los años 1951 y 1992. La extensión del terreno alcanzaba aproximadamente las 7 mil hectáreas. Al parecer, habría pertenecido a un grupo de ciudadanos polacos que no lograron sacar adelante sus cultivos y terminaron abandonando la zona. El sitio estaba destinado para albergar a reos con un amplio historial delictivo y condenas bastante largas, con el fin de que al salir libres pudieran reinsertarse a la sociedad. Se dice que llegó a tener hasta 800 presos durante su época de apogeo. Además de los internos, quienes se encargaban de trabajar en la tierra o ganadería, aquí también vivía el personal penitenciario (Guardia Republicana en ese entonces) y los empleados dedicados al mantenimiento. El lugar era inaccesible y estaba rodeado de animales, lo que originó un recelo entre los reclusos. Pese a ello, contaba con electricidad, maquinaria, granero, aserradero y hasta una capilla. Sin embargo, pese a las expectativas puestas en este modelo novedoso de penal, dejó de funcionar en 1992. Y es que el traslado era cada vez más costoso para las autoridades, pues una de las formas más prácticas era ingresar por avioneta, lo que requería altos niveles de logística y muy pocos reos por viaje. Es preciso subrayar que en 1992, la SEPA sufrió un atentado terrorista por parte de Sendero Luminoso, lo que contribuyó también a su inminente caída. Para el año 1998, las instalaciones de la colonia ya lucían abandonadas. La naturaleza había hecho su trabajo rodeando con maleza las maquinarias y los edificios. Aunque la idea siempre fue que los reos lograran rehabilitarse a través del trabajo agrícola, en muchas ocasiones se denunciaron malos tratos, o por lo menos, cuestionables. Asimismo, hubo varios intentos de fuga que tuvieron un mal desenlace para los reos. Según archivos de la época, a los reclusos se les solía colocar en el pozo de los castigos si es que se portaban mal. Allí se les sumergía en el agua y se les amarraba para que sean picados por insectos, causándoles fiebre. En cuanto a los motivos detrás de la propuesta, en el caso del alcalde López Aliaga, este hizo referencia al paquete de medidas que ha hecho llegar a la presidenta Dina Boluarte para que las pueda evaluar, vinculadas a reforzar la seguridad ciudadana y para contrarrestar la criminalidad. La autoridad municipal resaltó que existen grandes áreas en la selva peruana donde se pueden construir cárceles similares al modelo SEPA. LEER TAMBIÉN: Estados Unidos suspende ayuda financiera al Perú en lucha contra las drogas: ¿Qué consecuencias tiene esta medida? Erika Solis, investigadora del Equipo Anticorrupción del IDEHPUCP y experta en criminalidad, dijo a El Comercio que al aumento de la tasa de homicidios y la cercanía de un nuevo
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