Tragedia en Cañete en el 2009: el impactante choque entre un bus y una cisterna de gas que dejó 20 muertos | FOTOS
¿Cómo eran los accidentes de tránsito y de trabajo en Lima a inicios de 1935? | Nada cambió en 90 años Casi un milagro: El día que una lancha se incendió en Pucusana y el único sobreviviente dijo que lo salvó San Martín de Porres En la noche del 13 de abril del 2009, la rutina nocturna de la carretera Panamericana Sur se convirtió en una escena de horror. Un bus interprovincial de la empresa Costeño, que había partido de Lima rumbo a Pisco, se desplazaba con confianza por el asfalto, recogiendo pasajeros adicionales en el camino. Pero la ilusión de un viaje tranquilo se desvaneció cuando, en un tramo despejado de la ruta, el conductor, que había descansado muy poco, se enfrentó a una visión aterradora: la parte trasera de un camión-cisterna de gas licuado. En un instante, el bus se estrelló violentamente contra el vehículo, se incendió en segundos, y como si fuera un soplete gigante dejó a la mayoría de los pasajeros muertos, carbonizados, incluidos el piloto y su ayudante. Eran cerca de las 11 de la noche, el lunes 13 de abril del 2009, cuando Anatolio Aquije Chacaliaza, un experimentado chofer de 57 años, vivió sus últimos segundos al volante de un bus interprovincial de la empresa Costeño. En medio de la oscuridad del kilómetro 165 de la Panamericana Sur, el tiempo pareció detenerse. Anatolio, aferrado al timón con desesperación, solo alcanzó a sentir cómo el fuego lo envolvía con una rapidez devastadora. LEE TAMBIÉN: Cerro San Cristóbal: la tragedia de los tres hermanitos que murieron aplastados por una inmensa roca mientras dormían juntos El camión de la empresa Vita Gas avanzaba con cautela por el kilómetro 165 de la Panamericana Sur. Su carga, unos 10 mil galones de gas licuado, era un peligro que obligaba a su chofer a mantener una velocidad lenta y constante. Pero aquella noche, el silencio fue roto por un estruendo que sacudió el vehículo, desprendiendo las válvulas de gas que quedaron expuestas dentro del bus interprovincial de la empresa Costeño. La escena fue de pesadilla. El gas, libre y letal, se filtró primero en la cabina del bus como una amenaza invisible. Una chispa bastó para desatar el desastre: el gas se transformó en un fuego voraz que irrumpió como un gigantesco lanzallamas dentro del vehículo interprovincial. En cuestión de segundos, las llamas se expandieron furiosamente, envolviendo el interior del bus en una bola de fuego que alcanzó hasta 40 metros de altura. El bus, que había partido horas antes desde Lima rumbo a Pisco, se convirtió en una antorcha metálica. El bus quedó casi derretido sobre el asfalto, vencido por las llamas que iluminaron la carretera. MIRA TAMBIÉN: “Amor sangriento”: él la baleó en Miraflores, luego quiso suicidarse con la pastilla que tomó Marilyn Monroe y terminaron casados Según los bomberos que llegaron al lugar, la temperatura dentro del bus alcanzó los 1.200 °C, suficiente para consumir todo a su paso. La mayoría de los pasajeros no tuvo tiempo de reaccionar; el infierno se desató en un abrir y cerrar de ojos, dejando tras de sí un aterrador escenario en el kilómetro 165 de la Panamericana Sur. Los pasajeros de las primeras filas del bus Costeño quedaron atrapados por las llamas, sin posibilidad de huida. Sin embargo, en las últimas filas, un grupo de personas logró escapar a través de una ventana; saltaron como pudieron, de cabeza, no importaba, con tal de salvar sus vidas. A estos pocos afortunados se unió el chofer del camión cisterna, quien también sobrevivió a pesar de sufrir graves quemaduras en todo el cuerpo. La suerte y rapidez de reflejos fueron las únicas aliadas de estos sobrevivientes, los cuales presenciaron cómo el fuego consumía todo a su alrededor. El cuadro era de terror y desesperación, pero también de valentía y supervivencia. SEPA ADEMÁS: Tragedia en Ciudad de Dios: la historia del joven héroe que pereció ahogado y el peligro de los explosivos que amenazaron a diez niños en 1964 En un instante, 20 pasajeros perdieron la vida, totalmente carbonizados por las llamas que consumieron el bus interprovincial. Para mantener el orden, 40 policías se desplegaron en la zona, mientras los bomberos trabajaron incansablemente durante toda la madrugada ante un incendio que no se extinguía debido a la cantidad de gas del camión. El esfuerzo de los “hombres de rojo” fue admirable: utilizaron 100 mil galones de agua y unos 200 kilos de espuma para controlar el intenso fuego del bus Costeño. Alrededor de 70 bomberos de diversas estaciones se unieron para enfrentar el siniestro. Los efectivos de San Vicente, Imperial, Chilca, Lurín y Chincha se desplegaron en el lugar y recibieron el apoyo de sus colegas de los distritos limeños de Barranco y Miraflores. (EC, 15/04/2009) ¿VÍAS PERUANAS O CARRETERAS DE LA MUERTE? A fines de la primera década del siglo XXI, durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011), los accidentes de tránsito se convirtieron en una constante en las carreteras peruanas. Las rutas interprovinciales, en particular, se revelaban como las más peligrosas de la región. Las noticias de choques y colisiones eran moneda corriente, dejando un rastro de víctimas mortales y heridos en su paso. MÁS INFORMACIÓN: Aquamán peruano: el día que un nadador impuso nuevo récord mundial de permanencia en el agua en Iquitos en 1951 En un contexto de creciente inseguridad vial en el Perú, especialistas y autoridades como la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, no dudaron en expresar su disconformidad ante la realidad de accidentes cotidianos que parecían no tener fin. Merino reclamó en los medios de comunicación que no debíamos resignarnos a vivir en un país donde las carreteras eran escenarios de tragedias diarias. Su llamado a la acción fue claro: era inaceptable que la falta de medidas efectivas del Gobierno Central deje a la población expuesta a un riesgo constante: “Como defensora del Pueblo, no acepto con resignación que siga pasando el tiempo y cada año sigan muriendo miles de personas en nuestras pistas y carreteras”,
