Sobreviviente de la masacre de Hamás en el festival Nova: “Fui herida, me hice la muerta, solo rezaba para que no me encuentren”
Los 100 días de Trump y el por qué de su baja aprobación: “Está siendo consecuente con lo prometido” Donald Trump, 100 días de poder absoluto: las consecuencias que ya sienten EE.UU., China, Europa y América Latina Al amanecer del 7 de octubre del 2023, Mazal Tazazo y sus amigos disfrutaban del festival de música Nova en un área rural cercana al kibutz Re’im, en el desierto occidental del Néguev, al sur de Israel. Estaban a unos 5 kilómetros de Gaza. La proximidad del lugar con la frontera lo convirtió en un objetivo vulnerable durante el sangriento ataque perpetrado aquel día por militantes de Hamás. El Comercio estuvo en el sitio, que ahora se ha transformado en un memorial en honor a las víctimas abierto a visitantes de todo el mundo, y recogió el testiminio de la joven, narrado como si se tratara de una película de terror pero que de ficción no tiene nada. Nova se realizó como parte de la fiesta de Sucot, que conmemora la vida en el desierto de los israelitas después de su salida de Egipto. Ese 2023 los organizadores planificaron una festividad en medio de la naturaleza, por eso escogieron un área rural. MIRA: Silvia Cunio, madre de dos hermanos secuestrados por Hamás: “Es una película de terror que no termina 570 días después” Hamás atacó a los asistentes después de las 6 de la mañana. Asesinó a 378 personas en el festival Nova y secuestró a 44. La casa de Mazal Tazazo está cerca de del lugar donde se realizó la fiesta. La estudiante de arquitectura asistió con dos amigos. Las entradas las compraron tres meses antes de la fiesta. Al festival Nova concurrieron unas 3.000 personas y había unas 500 trabajando en la organización. Este es el testimonio de Mazal Tazazo: “Llegamos a la fiesta el viernes 6 de octubre en la noche. Había mucha gente de todas las edades y de todas partes de Israel y del mundo. Era un ambiente perfecto. Unos minutos antes de la masacre, grabé un video de cómo estaba la fiesta, era el amanecer del sábado 7 de octubre. Luego decidí ir a buscar mis lentes de sol. Pero en un momento, se apagó la música de manera intempestiva. No sabía lo que estaba pasando, pensé que la fiesta había terminado. Luego vi a gente nerviosa, llorando. Traté de tranquilizar a quienes estaban cerca de mi. Se acercaron a nosotros personas encargadas de la seguridad de la fiesta y nos pidieron abandonar el lugar. Agarramos nuestras cosas y fuimos al estacionamiento de los autos. Subimos a nuestro carro y empezamos a irnos. Delante de nosotros había tres vehículos. Pasaron 20 minutos y no se movían. Luego escuchamos los primeros disparos. Me pregunté si había terroristas, pensé que la policía controlaría todo. Al no poder avanzar directamente hacia la autopista, decidimos dirigirnos en el auto por el bosque, tratando de encontrar otro acceso a la carretera para poder escapar. Pero volvimos a quedar atrapados porque otros trataban de hacer lo mismo que nosotros. Salimos del auto y los disparos sonaban cada vez más cerca. En ese momento entendí que había un combate, no sabía que era un ataque sin resistencia. Después de 10 minutos, vimos a lo lejos que todos los autos que habían llegado a la autopista estaban abandonados, por eso nadie se movía. Se incrementaron los disparos, parecía una guerra, entonces corrimos hacia la autopista. Pero cuando llegamos nos empezaron a disparar de forma masiva y de todos lados. El lugar estaba lleno de terroristas. Me tiré al piso y me escondí debajo de un auto. Lo único que podía hacer era rezar para que no me encuentren. En ese momento me di cuenta de que habíamos corrido hacia los terroristas. Empezamos a escuchar sus gritos en árabe cada vez más cerca. Decidimos ir hacia los arbustos, nos escondimos, no hacíamos ruido. Nos acostamos y nos tapamos con las hojas de los árboles. En unos minutos los terroristas llegaron al bosque. Dijeron párense. Me golpearon la cabeza con la culata de un rifle, quedé inmóvil. Luego sentí que alguien me estaba agarrando las piernas, después un terrorista me las estaba atando. Yo solo sabía que tenía que hacerme la muerta. Pienso que querían llevarme a Gaza. Contuve la respiración y el terrorista me soltó, pensó que estaba muerta y desistió de llevarme. Yo vestía un polo blanco que terminó ensangrentado porque tuve una herida en la cabeza tras el golpe. También una de mis manos estaba destrozada y con sangre. Los terroristas se alejaron de mi, seguían buscando a quien estuviera con vida para rematarlo o secuestrarlo. Yo pensé que estaba agonizando. En ese momento perdí el conocimiento. Después de dos horas desperté. Grité el nombre de mis amigos. Pero vi que ella estaba muerta a mi lado, y mi otro amigo también había sido asesinado. Luego vino otra persona, pensé que era un terrorista y me hice de nuevo la muerta, no respiraba. Tras 10 minutos me di cuenta de que no era terrorista, sino alguien que se estaba escondiendo entre los cuerpos. Me había tocado el pantalón buscando un teléfono para comunicarse con su familia, lo encontró y pidió ayuda. Vi que los terroristas habían prendido fuego a los carros y todo estaba en llamas muy cerca de mi. El incendio crecía y noté que solo había un camino de escape, y este llevaba a la autopista. Decidí correr. Busqué un vehículo abandonado en la autopista para esconderme, prefería morir de un balazo a terminar quemada. Abrí la puerta y entré a la parte de atrás. Me acosté y me tapé con una manta. Hablaba por teléfono para pedir ayuda, y me respondían que me mantenga despierta, pues había perdido mucha sangre. Ya eran las 12 del mediodía y todavía había terroristas cerca. No hay forma de explicar el miedo que sentía. Luego de una hora, veía solo llamas gigantes a lo lejos. Suplicaba a Dios. A las 3 de la tarde,
