Lima cumple 491 años: más inversión, nuevas marcas y un mercado inmobiliario que vuelve a ganar atractivo
MEF: Sin el Decreto de Urgencia, Petro-Perú corría el riesgo de “perderse por completo” Proinversión presentaría en dos semanas el plan de promoción para la reestructuración de Petro-Perú: ¿Qué contemplaría esta fase? En el mes en el que Lima conmemora un nuevo aniversario de su fundación –la ciudad de 491 años que Chabuca Granda evocó entre balcones, memoria y promesas– el Centro Histórico vuelve a ocupar un lugar protagónico. Más allá del valor simbólico y patrimonial, el corazón de la capital se reactiva como espacio económico: nuevas inversiones en gastronomía, comercio, vivienda y hotelería buscan devolverle dinamismo a una zona que durante años quedó atrapada entre el abandono y la nostalgia. Con una inversión pública que superó los S/350 millones en el 2025 y beneficios tributarios inéditos, según ProLima, el Centro Histórico de Lima vive una reactivación progresiva que impulsa la llegada de marcas, eleva el valor de oficinas y comercios, y abre paso a proyectos de usos mixtos, aunque aún enfrenta retos de seguridad y ‘tramitología’. Desde ProLima, el organismo a cargo de la recuperación del Centro, destacan que el salto presupuestal marca un punto de quiebre. “En el 2023 el presupuesto anual fue de S/58 millones, pero para el 2025 superó los S/350 millones, más del triple del 2024 y más de 22 veces el presupuesto que teníamos en 2019”, señala su gerente, Luis Martín Bogdanovich, quien afirma que este nivel de recursos “marca un momento bisagra para la verdadera reactivación económica del Centro Histórico”. Según explica, esta inversión se traduce en una cartera activa de proyectos ya culminados, obras en ejecución y nuevas intervenciones en camino, especialmente en el Damero de Pizarro, Plaza San Martín y el entorno de Plaza Mayor. No obstante, advierte que se trata de un proceso en consolidación: “La recuperación no es puntual ni aislada, sino progresiva, y dependerá de sostener el ritmo de ejecución y la maduración de los proyectos estructurales”. Nuevas marcas y dinamismo comercial Uno de los efectos más visibles de esta recuperación urbana es la llegada de nuevas marcas y negocios formales. La peatonalización de diversas cuadras del Damero de Pizarro —con una inversión superior a S/119 millones, según ProLima— ha elevado el atractivo del Centro para el comercio y la gastronomía. “Marcas como Pan de la Chola, María Almenara, Don Mamino, Flora y Fauna, y Alanya ya operan en la zona, junto con la expansión de cadenas como Tambo y Aruma”, detalla Bogdanovich. Para el funcionario, hoy es posible compatibilizar el desarrollo económico y la conservación patrimonial gracias a la simplificación de trámites: “Ahora todo se canaliza en una sola instancia, con criterios unificados y mayor claridad para el inversionista”, enfatiza. Desde el mercado inmobiliario, Max Medina, gerente de investigación de Binswanger, coincide en que el Centro vuelve a ganar protagonismo. “Antes de la pandemia, la renta promedio de oficinas rondaba los US$11,5 por metro cuadrado; hoy, al cierre del 2025, estamos entre US$12,5 y US$12,75. No es un salto abrupto, pero sí una señal clara de consolidación”, explica. En el caso del comercio, las zonas más caras siguen siendo el Jirón de la Unión y el corredor de Abancay, donde los alquileres pueden ir desde los US$30 hasta los US$70 por metro cuadrado. “Lo interesante es que el dinamismo ya no se concentra solo en esas calles: vemos una descentralización hacia la Plaza San Martín y otras zonas aledañas”, añade Medina. Las marcas que apuestan por el Centro Grupos como Kong, Casa Tambo, Pan de la Chola y Flora & Fauna coinciden en que el Centro vuelve a ser un espacio viable para crecer, aunque todavía enfrenta retos. Desde el Grupo Kong, que hoy opera tres conceptos a una cuadra de la Plaza de Armas —Puerto Santa Rosa, La Tapada y Bar El Conquistador—, su gerente Sandra Campos explica que el desempeño ha sido heterogéneo, pero con señales claras. “La Tapada mantiene su estándar de clientela y ticket, mientras que la cebichería viene en alza constante, con picos de alta demanda. El bar todavía está en un proceso de maduración, sobre todo en horarios de tarde”, señala. Según Campos, el boulevard del Damero de Pizarro ha sido clave para el flujo de personas y la visibilidad de los locales, lo que ha elevado la competencia por ubicaciones estratégicas. “Ahora que el boulevard está más formado, los puntos se vuelven más disputados, especialmente dentro de los pasajes”, comenta. El ticket promedio en La Tapada se ubica en S/55, con un público compuesto principalmente por trabajadores del sector público, oficinas cercanas y turistas, que representan cerca del 30% de los comensales. El grupo tiene además planes de expansión. “Estamos desarrollando un nuevo proyecto en la cuadra siete del Jirón de la Unión, un formato tipo mercado de unos 1.500 m², con una inversión proyectada superior a S/2 millones”, adelanta Campos, quien reconoce que la recuperación de inmuebles patrimoniales implica procesos largos y burocráticos, pese al acompañamiento de ProLima. Una apuesta temprana fue la de Casa Tambo, que abrió en plena pandemia y hoy se ha convertido en un lugar emblemático del Centro. Steve Morales, gerente general adjunto, recuerda que el crecimiento fue gradual: “Empezamos recibiendo unas 3.000 personas al mes; hoy superamos las 20.000 visitas mensuales. No fue inmediato, fue el resultado de paciencia, consistencia operativa y una propuesta clara”. Morales destaca que el Centro les dio identidad, volumen y visibilidad, y que la mejora del espacio público fue determinante para el retorno del público. Actualmente, entre 25% y 30% de su clientela es turista, mientras que el resto corresponde a trabajadores, corporativos y visitantes que llegan al Centro como destino gastronómico. El ticket promedio pasó de alrededor de S/60 a S/110, reflejando una mayor disposición a pagar por valor y experiencia. En formatos más accesibles, El Pan de la Chola optó por un local pequeño y de alto tránsito en el Jirón de la Unión. Su fundador, Jonathan Day, señala que estar en el Centro tiene un valor simbólico y comercial. “Es una calle donde todo pasa,










