El ‘upgrade’ de Denisse, una crónica de Fernando Vivas sobre la presidenta del Consejo de Ministros El gobierno del estribo, una crónica de Fernando Vivas sobre José Balcázar Parece una bronca de segunda, pero es una bronca de primera vuelta. En la segunda estará claro a quién golpear; en la primera, impulsivamente, Renovación Popular (RP) confronta a su vecino más grande de la derecha porque, supuestamente, comparte el afán de conquistar un mismo electorado indeciso. En realidad, esto no es exacto: las fortalezas de los celestes de RP son distintas a las naranjas de Fuerza Popular (FP). Por eso, la pelea no es necesariamente la más rentable; pues se disputan bolsones de indecisos con una compleja matriz de transferencia de votos entre demasiados candidatos. MIRA TAMBIÉN: José María, el último deseo, una crónica de Fernando Vivas sobre Balcázar elegido por el Congreso para ser presidente O sea, los beneficiados de la bronca podrían ser terceros. Los dos lo intuyen y ahora se andan con cuidado, dejando las escaramuzas a sus candidatos al Congreso. Pero Rafael López Aliaga no puede con su genio y rompe el molde que, en su caso, tiene una regla adicional: el primero no debe atacar a los segundos porque arriesga su ventaja. La encuesta de Ipsos publicada el jueves en Perú21, que ya recoge el impacto de la elección de Balcázar, parece sugerir -tengan en cuenta el margen de error- que los celestes son los contusos: RLA bajó un punto, de 10% a 9%, y Keiko subió uno, de 8% a 9%. Veamos qué dijo la última encuesta del IEP, publicada el lunes 23, sobre la composición del voto. ‘Porky’ López Aliaga (14.6% en su total de intención de voto en esa encuesta con metodología telefónica) está muy concentrado en Lima (23%) mientras Keiko (10.3% en el total) está más dispersa a nivel nacional, con clara supremacía en el sector rural. En cuanto a niveles socioeconómicos, RP se enseñorea en el AB (28.7%) mientras Keiko mantiene sus reservas en el más numeroso DE. Ante esas disparidades de condición; la viralización de ataques y el efecto general de la bronca es muy incierto. Por ejemplo, el voto que un celeste haga perder a un naranja, no necesariamente se vuelve celeste, sino que puede ir a un tercero bien posicionado en ese segmento. Y viceversa. Entonces, la pelea, más que una cuestión de cálculo, es cuestión del estilo peleonero de RLA. Ya desde su origen, ‘Porky’ hizo marcar a RP distancias con el fujimorismo y con el ‘establishment’ congresal que este simbolizaba aunque no lo presidiera. La presencia celeste en el ‘Bloque’ fue tensa e intermitente, y se quebró decididamente cuando Perú Libre se sumó a la mesa directiva. Hubo un conato de pelea en diciembre, al inscribirse las listas, cuando Keiko no apareció como candidata al senado y ‘Porky’ sí, quedando él en un simbólico ‘off side. Respondió alusivamente, diciendo que “está tomando en serio la política, no es que postulo y vago 5 años (…) yo no soy vago”, apelando a uno de los insultos usuales en el anti keikismo. La fricción no escaló. Tampoco había escalado en octubre, cuando RP propuso vacar a Boluarte, pretendiendo arrinconar a Keiko y a César Acuña como oficialistas. Pero el par se plegó a la vacancia. La bronca, por lo tanto, no se dio. Retengan ese antecedente, porque inspiró el lío actual. El 14 de febrero, día del amor y la amistad, RP lanzó un comunicado virulento con el título ‘Fuerza Popular avala corruptela’. El tema era la censura de José Jerí pero la piñata era Keiko, tratada como su cómplice. El comunicado tuvo una segunda parte que propuso un neologismo: ‘fujijerismo’. Keiko, que no es peleonera como ‘Porky’, se tomó dos días para contestar en un video: “Quien dice representar la renovación, se ha convertido en un títere de los caviares”, dijo de RLA. Ese argumento de contragolpe fue absurdo. Nadie se traga ‘Porky’ como digitado por su antítesis. En todo caso, pudieron decir ‘tonto útil’. La puya, además, golpeó a los caviares que podrían serle útiles más tarde. El otro argumento del contragolpe agarró más carne: “le falta madurez emocional para liderar”, dijo. Conclusión y proyección preliminar de la bronca: si ambos pasaran a segunda vuelta, ya podemos intuir por dónde vendrían los golpes mayores. Los celestes tienen, estadísticamente, las de ganar (según proyecciones que Ipsos ha hecho de segundas vueltas en distintos momentos), porque el antivoto de Keiko es muy grande (54% versus 4.7% de RLA). La base histórica de ese antivoto es la herencia de corrupción que provocó la caída, primero del asesor Vladimiro Montesinos y luego del propio Alberto Fujimori en el 2000. Por ahí se cebaría el ataque de RLA, que ya lanzó un puyazo el domingo pasado, en Canal N, instalándose en esa narrrativa: “Para mi, Montesinos está en la campaña asesorando a esta señora, porque a ella tampoco le da tanto el cerebro, pero creo que Montesinos sí”. Los naranjas, en cambio, como ya se adivina en el video de Keiko, apuntarán a la personalidad de RLA, buscando y hasta provocando ejemplos de agresividad, intolerancia y misoginia. Los celestes tenían todas la de ganar el 17 cuando se censuró a Jerí. Keiko quedó en triste minoría. Pero el 18 se volteó el pastel con el triunfo de José María Balcázar, que dio a los fujimoristas un argumento dorado que repetirán hasta el fin de la campaña: la irresponsable censura promovida por RP llevó a un desastre. La réplica celeste a esto se puede parafrasear así: ‘tal es el odio que nos tienen que votaron por Balcázar’. Esto no se puede demostrar. Ninguna bancada pidió a sus congresistas que mostraran sus votos. Lo que podemos asegurar es que FP perdió tres votos (dos de ellos, Héctor Ventura y Cruz Zeta, estaban acompañando a Keiko en una gira por el Norte; y David Jiménez se fue luego de la primera votación por un problema de salud, según mis fuentes fujimoristas). Diversos reportajes