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La reciente publicación de National Geographic sobre T’aqrachullo, en Cusco, volvió a colocar al complejo arqueológico en la conversación internacional. Presentado como una antigua ciudad o fortaleza inca de enormes dimensiones —e incluso comparado con Machu Picchu—, el sitio despertó interés mundial por su extensión y complejidad histórica. Sin embargo, especialistas peruanos precisan que, lejos de tratarse de un “nuevo descubrimiento”, T’aqrachullo ha sido investigado desde hace décadas y todavía enfrenta importantes retos de conservación y acceso turístico.
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Las primeras investigaciones arqueológicas en el complejo fueron realizadas en los años 90 (en tesis, precisamente en 1994) por las arqueólogas Maritza Rosa Candia y Rosa Alicia Quitita Huaracha, quienes desarrollaron estudios académicos sobre el lugar cuando aún era poco conocido fuera de las comunidades cercanas. Posteriormente, en 2010, el complejo arqueológico fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, reconocimiento que consolidó su valor histórico dentro del patrimonio peruano.
Años después, en 2019, el sitio atravesó un importante proceso de restauración y protección liderado por el Ministerio de Cultura, intervención en la que el arqueólogo Emerson Pereyra participó como residente de obra. Además de labores de conservación, el proyecto permitió continuar registrando estructuras y mejorando el conocimiento sobre el complejo, ubicado a más de 4100 metros sobre el nivel del mar, en una zona aún de difícil acceso.

Para Maritza Rosa Candia, actual directora de la DDC Cusco, las recientes comparaciones con Machu Picchu deben tomarse con cautela. “Cada monumento tiene su importancia, pero tampoco podemos decir que ha superado a Machu Picchu”, explica la arqueóloga, quien señala que ambos espacios pertenecen a periodos históricos distintos y responden a organizaciones completamente diferentes. Reducir el análisis solo a su cantidad de hectáreas (que tampoco sobre pasan a las de la maravilla mundial) es incorrecto.
Mientras Machu Picchu corresponde al periodo inca y presenta planificación urbana, T’aqrachullo posee ocupaciones mucho más antiguas y diversas.

¿Puede ser visitado?
Aunque actualmente puede visitarse, T’aqrachullo todavía no cuenta con infraestructura turística plenamente desarrollada. La ausencia de servicios cercanos (como restaurantes y centros de salud), señalización completa y facilidades para visitantes ha limitado su difusión masiva.
Para visitarlo, sin embargo, hace falta embarcarse en una ruta de alrededor de seis horas hasta la localidad de Espinar, desde la ciudad del Cusco. También, es posible seguir una ruta desde Arequipa, por la cuenca de Caylloma.
Aun así, el renovado interés internacional ha vuelto a poner en agenda a uno de los complejos arqueológicos más enigmáticos y menos explorados del país, recordando que gran parte del patrimonio peruano aún tiene mucho por revelar.//
