El cometa interestelar 3I/ATLAS marcó un nuevo capítulo en la astronomía al convertirse en el tercer objeto proveniente de fuera del sistema solar identificado por científicos, después de ‘Oumuamua y Borisov. Desde su detección, el cuerpo despertó un enorme interés porque no solo aportó datos inéditos, sino que también dejó más preguntas abiertas sobre el origen y la evolución de otros sistemas estelares. Ese potencial científico explica por qué algunos investigadores ya analizan una idea extrema: intentar alcanzarlo en el espacio profundo para estudiarlo de cerca.
La propuesta fue revelada en un estudio publicado en arXiv y fue desarrollada por Space Initiatives Inc. junto con la Universidad de Luxemburgo. Los autores incluso se atreven a plantear un posible inicio de misión en 2035, aunque reconocen que el reto técnico es tremendo.
El principal obstáculo es que el cometa se aleja a unos 61 kilómetros por segundo, una velocidad que deja obsoletos los sistemas de propulsión química tradicionales.
Para sortear esa limitación, los investigadores apuestan por una estrategia poco común basada en el efecto Oberth, un principio que permite obtener mayor velocidad cuando los motores se activan en el punto de máxima rapidez de una órbita.
En la práctica, esto implicaría enviar primero la nave hacia el Sol, aprovechando su enorme gravedad y encendiendo los motores en el momento más crítico del acercamiento para multiplicar la aceleración final.

El plan exige una maniobra extrema: que la sonda pase a apenas 3,2 radios solares de la superficie del Sol, atravesando su corona ardiente. En ese instante de máxima proximidad, los motores se encenderían para impulsar la nave hacia el espacio interestelar. Si funciona como se espera, el artefacto alcanzaría una velocidad sin precedentes, superando cualquier registro previo logrado por misiones de la NASA.
Para sobrevivir a temperaturas cercanas a los 1.400 grados centígrados, el diseño contaría con un escudo térmico de nueva generación. Adam Hibberd, autor principal del estudio y creador del software Optimum Interplanetary Trajectory Software, considera viable un sistema similar al de la Sonda Parker, reforzado con capas adicionales de aerogel para proteger los instrumentos científicos.
Otro elemento clave sería la ayuda gravitatoria de Júpiter para frenar la nave en el momento adecuado y permitir un encuentro seguro.
Sobre este punto, el científico T. Marshall Eubanks explicó a Space.com: “Casi todos los lanzamientos utilizan el efecto Oberth. Por eso, por ejemplo, misiones como Artemis 2 realizan sus encendidos de inyección translunar en el perigeo, no en el apogeo. Esa es una maniobra de Oberth. Sin embargo, no encuentro ningún registro de una maniobra de Oberth directa del tipo que proponemos, que consiste en un encendido de cohete importante en la aproximación más cercana durante un sobrevuelo”.

Si la misión logra el impulso previsto, el viaje hasta el cometa podría durar entre 30 y 50 años, con una intercepción a unas 732 unidades astronómicas del Sol, una región casi inexplorada. Aunque el encuentro sería solo un sobrevuelo rápido, los datos obtenidos tendrían un valor enorme.
Con nuevos observatorios como el Observatorio Rubin listos para detectar más visitantes interestelares, los científicos creen que 3I/ATLAS justifica este riesgo tecnológico, ya que su composición podría ofrecer pistas únicas sobre cómo se forman los sistemas planetarios más allá de nuestro vecindario cósmico.
¿Qué sigue para el cometa 3I/ATLAS?
El objeto interestelar 3I/ATLAS se encuentra actualmente en su fase de salida del sistema solar tras haber superado su punto más cercano al Sol y a la Tierra a finales de 2025.
El evento astronómico más relevante que sigue en su trayectoria es su aproximación a Júpiter, la cual está prevista para el 16 de marzo de 2026. Ese día, el cometa pasará a una distancia mínima de aproximadamente 53.4 millones de kilómetros del gigante gaseoso, lo que lo situará justo en el límite del radio de Hill de Júpiter, la región donde la gravedad del planeta comienza a dominar sobre la del Sol.
Este encuentro es de gran interés científico porque la inmensa gravedad de Júpiter podría alterar levemente la trayectoria hiperbólica del cometa o incluso provocar cambios en su actividad superficial debido a las fuerzas de marea.

Se espera que misiones como Juno, que actualmente orbita el planeta, puedan intentar captar datos o imágenes de este visitante interestelar durante su paso.
Tras este hito, 3I/ATLAS continuará alejándose a una velocidad extremadamente alta (superior a los 60 km/s), cruzando la órbita de los planetas exteriores hacia 2029 para perderse definitivamente en el espacio profundo.
Por qué el acercamiento del 3I/ATLAS a Júpiter es clave
El cometa interestelar 3I/ATLAS genera gran interés científico debido a su trayectoria, que lo llevará a transitar por las cercanías de Júpiter en marzo de 2026. Esta aproximación ofrece una oportunidad excepcional para observar la respuesta de un cuerpo interestelar ante un entorno dominado por la intensa gravedad y radiación del sistema joviano.
Durante este encuentro, los astrónomos analizarán si las fuerzas de marea de Júpiter alteran la estructura del núcleo o la dinámica de su coma. Las observaciones servirán para determinar la cohesión y composición del objeto, datos difíciles de obtener en el espacio profundo.

Además, este tipo de observaciones no solo mejora el conocimiento sobre 3I/ATLAS, sino que también fortalece el estudio del propio sistema de Júpiter.
La información obtenida sirve como base para futuras investigaciones sobre planetas gigantes y lunas como Europa y Ganímedes, consideradas lugares de gran interés científico.
Si te interesó esta noticia y quieres mantenerte informado sobre los eventos y tendencias en EE.UU. y el mundo, forma parte de nuestra comunidad de WhatsApp. 👉 Únete aquí
