Ser peruano es más difícil de lo que pensamos: ¿cómo es el proceso para acceder a la nacionalidad peruana?

Tras lo sucedido con Williams Riveros y Matías Di Benedetto, futbolistas de Universitario de Deportes, que no aprobaron el examen de nacionalización peruana, se reabrió un debate poco conocido entre peruanos: ¿qué tan difícil es obtener el DNI peruano? Más allá de este caso en particular, esto pone en evidencia un proceso largo, burocrático y, muchas veces, impredecible, que afecta no solo a deportistas profesionales, sino a miles de extranjeros que viven, trabajan y forman familia en el país.

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En el caso de Riveros y Di Benedetto, ambos buscaban obtener la nacionalidad para dejar de ocupar cupo de extranjero en el equipo crema. Como parte del procedimiento de obtener la nacionalidad con la opción de naturalización, debían rendir un examen de conocimientos sobre historia, cultura y realidad peruana.

Ninguno alcanzó el puntaje necesario en esta primera evaluación, aunque tendrán una nueva oportunidad a fin de mes. El hecho generó sorpresa porque, para muchos hinchas, las preguntas difundidas parecían “sencillas”: ¿Cuál es el río más caudaloso del mundo que nace en los Andes peruanos? ¿Cuál era la base de la relación social incaica formada por un conjunto de familias unidas de sangre o territorio? ¿Quién es el tenor peruano de fama mundial reconocido como uno de los mejores de la actualidad? Entre otras. Sin embargo, el problema va mucho más allá de un examen puntual.

Un proceso complejo

Para entender la dimensión del proceso, es importante mirar el marco legal. Carolina Calderón, directora del estudio jurídico Castro de Cavalcanti & Calderón Abogados y ella misma nacionalizada peruana, explica que existe una brecha relevante entre lo que dice la norma y lo que ocurre en la práctica. “El TUPA señala que el trámite debería resolverse en 30 días, pero en la realidad puede demorar un año, año y medio o incluso más si hay observaciones o subsanaciones”, señala.

Según Calderón, el proceso en el Perú es particularmente complejo porque el administrado queda sujeto a observaciones que muchas veces resultan impredecibles. Migraciones puede solicitar documentos adicionales incluso cuando estos ya han sido presentados. “No hay un contacto directo con un evaluador. La comunicación es por correo electrónico y, la mayoría de las veces, no hay respuesta. Uno queda en la incertidumbre total sobre el estado de su expediente”, explica. En algunos casos, una observación menor, como la nitidez de un documento escaneado, puede ser notificada varios meses después, retrasando todo el procedimiento.

Carolina Calderón se casó en 2003 con un peruano, pero obtuvo la nacionalidad en 2015. Tras un largo proceso.

Actualmente, la legislación peruana contempla acceder a la nacionalidad: por matrimonio con un ciudadano peruano o por naturalización. A diferencia de otros países, el simple paso del tiempo viviendo en el Perú no otorga, por sí solo, el derecho a nacionalizarse. En el caso del matrimonio, con la ley vigente se requieren cinco años de residencia con calidad migratoria de familiar residente.

Sueldos anuales de 10 UIT

La naturalización, por su parte, presenta uno de los mayores obstáculos: el requisito económico. El solicitante debe demostrar que genera una renta equivalente a 10 UIT anuales para el Estado, lo que se traduce en un ingreso mensual cercano a los 5 mil soles. “Esto es casi imposible para la mayoría de los extranjeros”, afirma Calderón. “El sueldo promedio en el país está muy por debajo de esa cifra. Es una barrera que, lejos de fomentar la integración, crea una brecha de exclusión”.

A ello se suma el examen de conocimientos, obligatorio para quienes optan por la naturalización (las personas que acceden por matrimonio no rinden dicho examen). La prueba abarca historia del Perú, desde el incanato hasta la etapa republicana, personajes históricos, símbolos patrios, estrofas del himno y nociones de la realidad política actual. “La gente sí estudia”, aclara Calderón. “En mi experiencia, de cada 20 personas que rinden el examen, alrededor de 18 lo aprueban. Eso demuestra que hay un interés real por integrarse y asumir la ciudadanía peruana”.

Carolina relata casos en los que se pide incluso material personal, como fotografías del noviazgo o matrimonio, lo que considera excesivo y hasta irrespetuoso. “La buena fe debería presumirse. No se puede partir de la idea de que todo es fraudulento”, sostiene.

El caso de Riveros y Di Benedetto es solo una muestra de lo que viven miles de extranjeros “de a pie”. El proceso de nacionalizarse es rígido y poco flexible. Ser peruano es más difícil de lo que pensamos.

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