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Hace poco fui al cine para ver “El Conjuro 4”, y me llamó mucho la atención cómo reacciona la gente frente a escenas de miedo extremo. Unas personas gritan, otras ríen nerviosas, otras simplemente observan con calma. Lo que para unos es una fuente de angustia, para otros se convierte en un disfrute genuino. Además, este 2025 ha sido fuerte para el género: también se estrenaron “Destino Final 6” y “Weapons”, cintas que apelan al horror de distintas maneras, lo que me hizo preguntarme: ¿por qué algunas personas buscan estas experiencias terroríficas, mientras que otras las evitan completamente?
Leí un artículo de Haiyang Yang y Kuangjie Zhang, publicado en Harvard Business Review en 2021, que exploraba justo esto: qué factores psicológicos ayudan a que alguien disfrute el terror. Al ver las reacciones ante estas películas o series, muchas de sus ideas se reflejan claramente. En esta nota, te comparto lo que dice la psicología sobre por qué algunos de nosotros disfrutamos el miedo —especialmente en el cine— y cómo ciertos rasgos o marcos mentales marcan la diferencia.
¿POR QUÉ CONSUMIMOS CINE DE TERROR?
Yang y Zhang proponen varias razones por las que buscamos experiencias aterradoras. Una de las principales es la búsqueda de estímulos intensos. Ver películas como “Weapons” o “Destino Final 6” provoca miedo y excitación al mismo tiempo. “Experimentamos el mayor placer en el momento de mayor miedo”, explican. Esa dualidad, lejos de ser incómoda para todos, puede volverse adictiva para algunos.
También está el factor de la novedad. Estas historias nos ofrecen mundos alternativos, desde casas embrujadas hasta realidades postapocalípticas. Según los autores, “algunas experiencias novedosas pueden incluso contribuir a nuestra sensación de logro, como visitar una famosa casa encantada”. Esta búsqueda de lo diferente y desconocido le da sentido al gusto por este tipo de cine.

EL MARCO PROTECTOR PSICOLÓGICO
Para disfrutar del miedo, necesitamos sentirnos protegidos. En su investigación, Yang y Zhang plantean que existen tres marcos psicológicos que permiten transformar una experiencia aterradora en algo placentero:
- Seguridad física: saber que el peligro no es real. Si estoy viendo “El Conjuro 4” en una butaca del cine, puedo disfrutar el susto sin sentirme amenazado.
- Desapego psicológico: recordarme que son actores, guiones, efectos. Como escriben los autores, “podemos activar el desapego psicológico recordándonos a nosotros mismos que sólo son actores, y que la gran actuación es lo que está ocurriendo en la pantalla”.
- Sensación de control: creer que puedo superar la situación. “Si visitamos una casa encantada, aún podemos obtener placer del encuentro si nos sentimos seguros de superar el peligro”.
Si alguno de estos marcos falla —por ejemplo, si sentimos que lo que vemos podría pasarnos realmente—, el placer disminuye. Y eso explica por qué no todos reaccionamos igual.
LA EMPATÍA, UNA VARIABLE CLAVE
Una de las conclusiones más llamativas del artículo es esta: “los que no son tan empáticos pueden disfrutar más del terror”. Esto no significa que ser empático sea algo negativo, pero sí que el alto nivel de empatía puede generar angustia al ver a otros sufrir, incluso si son personajes ficticios.
“Los que tienen un mayor nivel de empatía tienden a sentir de forma más negativa las situaciones de angustia que experimentan los demás”, afirman los autores. Entonces, si estás viendo a una víctima atrapada en una situación extrema —como las de “El Cojuro”— y sientes casi en carne propia ese sufrimiento, es lógico que no disfrutes la experiencia como lo haría alguien con menor nivel de empatía.
¿QUÉ RASGOS DE PERSONALIDAD INFLUYEN?
Según Yang y Zhang, hay dos rasgos muy ligados al gusto por el terror: la búsqueda de sensaciones y la apertura a la experiencia. Las personas con estos rasgos “tienden a buscar y disfrutar más de las experiencias relacionadas con el terror”.
No es casual que las películas de este año —con tramas complejas, visuales intensos y mundos extremos— atraigan a quienes sienten curiosidad por la psique humana o por escenarios caóticos. Son personas a las que no les molesta esa tensión emocional; al contrario, la buscan.
EDAD, GÉNERO Y CULTURA
Otro hallazgo interesante tiene que ver con la edad y el género. Los investigadores afirman que “los individuos más jóvenes tienden a sentirse más atraídos por este género de terror”. Y en cuanto al género, descubrieron diferencias de preferencia: “las mujeres pueden disfrutar más de una película de terror cuando ofrece un final feliz […], mientras que los hombres pueden disfrutar más cuando está cargada de actos intensamente terroríficos”.
Y si sumamos esto a factores culturales y económicos, hay todavía más variables. Analizando datos de 82 países, los autores concluyeron que “los individuos de países con un PIB per cápita más alto consumían películas de terror en mayor medida”. En palabras simples: si una persona se siente segura en su entorno, es más probable que busque sustos controlados como entretenimiento.

¿TIENE BENEFICIOS DISFRUTAR DEL MIEDO?
Sorprendentemente, sí. El terror puede generar efectos positivos. Uno es el vínculo social. Ver una película de miedo en grupo puede unirnos más. “Disfrutar del terror en grupo es una forma estupenda de estrechar lazos y conectar con nuestros amigos y familiares”, escriben.
Además, puede ser un catalizador del romance. Si estás en una cita y ven una peli de terror, “la coexperiencia del horror […] puede aumentar la excitación que sentimos el uno por el otro”.
Y al final, tras tanto susto, llega el alivio. “Una conclusión positiva de la experiencia […] desencadena la liberación de endorfinas en nuestro cerebro”, que nos hace sentir relajados.
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