“No se necesitan artistas”: las crónicas de “El Comercio” que revelan los años más duros y fascinantes de Hollywood antes de los Óscar
Néstor García Canclini: “La IA crea la ilusión de estar beneficiados” “La América de Trump se acerca cada vez más a ‘El cuento de la criada’” Luis Solano: “Está bien juzgar los libros por la portada” En la década del veinte del siglo pasado, ya Hollywood vivía, respiraba, se agitaba únicamente por y para el cine. En sus calles, todo era transitorio y artificial; y, sin embargo, dotado de una intensa vitalidad. Sus habitantes parecían haber salido de una pantalla: no era raro ver a un caballero con armadura fumando un cigarrillo en la puerta de una cafetería, o a una odalisca esperando el tranvía. En aquel Hollywood naciente, lo extraordinario era lo cotidiano. MIRA: El manuscrito de una amistad Pero tras ese decorado de cartón piedra y luces de magnesio, había una realidad muy dura. La llamada Fábrica de los sueños exigía a sus empleados una disciplina de hierro. Se habla mucho de sueldos fabulosos y de vidas de lujo, pero por cada artista que alcanzaba el triunfo, miles de llegados a Hollywood arrastraban una existencia miserable, esperando una oportunidad que nunca llegaría. Aquí algunas historias publicadas en las páginas de “El Comercio” entre 1922 y 1929, año en que se entrega la primera estatuilla en la ceremonia de la Academia en el Hollywood Roosevelt Hotel. 1. Las pobres “peliculeras” 13 de junio de 1923. Se denuncia que muchas jóvenes, engañadas por las promesas de directores de segundo orden, abandonaban sus hogares para llegar a Los Ángeles atraídas por el deseo de ser estrellas de cine. Después de haber gastado sus escasos ahorros, muchas de ellas se encontraban en la miseria. Los empresarios cinematográficos “cansados de ver sus oficinas llenas de cocineras, mecanógrafas e institutrices”, pusieron en la puerta de sus estudios el lacónico aviso: “No se necesitan artistas”. Una sociedad de auxilio se encargó de buscarles colocación laboral “como sirvientas u obreras en las fábricas”, o facilitándoles los medios para que regresaran a sus hogares. “La triste situación de estas jóvenes debe servir de lección a las que se creen con aptitudes para el cinematógrafo, y que, sin más bagaje que una cara bonita, se lanzan a una aventura que termina en el mayor de los fracasos”, escribe el redactor. 2. Crisis de las empresas cinematográficas. 21 de noviembre de 1923. La Corporación Famous Players-Lasky de Nueva York ponía fin a su producción de otoño y recortaba la de sus estudios en Long Island y Hollywood. No reanudaría sus rodajes hasta que los costos de producción se reduzcan, se informa. Igual actitud fue asumida por otras 15 compañías. Miles de empleados de la industria, entre actores y actrices, fotógrafos, técnicos, escritores, publicistas, electricistas o carpinteros se hallaban cesantes. 3. Para triunfar, basta con ser bonita 26 de mayo de 1923. Concurso promovido por “El Demócrata” de México alborota a las muchachas al proponerles, si eran elegidas por sus lectores, alcanzar un lugar como actriz de cine en Hollywood, con estudios artísticos financiados por el diario. Según este medio, si antes esas muchachas agraciadas se desvivían por un lugar en el teatro, “que les exigía singulares aptitudes vocales e intelectuales”, en el cine mudo había más oportunidades porque bastaba con ser bonita: “Una silueta grácil, una figura elástica, unos ojos hondos y expresivos, unos labios suaves y armoniosos, garantizan más de la mitad del triunfo”, prometía el diario norteño con ingenuo entusiasmo. 4. Las chicas de Hollywood en cifras 26 de diciembre de 1923. A diario, una “romería” de chicas buscan cumplir sus sueños de actuar en Hollywood. Se informa que, de cada mil “girls” (como se les llamaba a las aspirantes a actriz), solo una alcanzaba un puesto de preeminencia en los estudios. Además de la afortunada, solo diez conseguían ocasionales trabajos de “extra”, ganando de 3 a 7.50 dólares por día. Del resto, quinientas eran completamente desairadas (“Ni siquiera se les brinda la oportunidad de ver el interior de un estudio”, se informa). Cien encontraban empleo en cafeterías, puestos de comunicación telefónica, restaurantes, bares, cabarets y otros sitios “que valoraran su atractivo”, mientras que otro centenar desaparecía “en el torbellino de las grandes pasiones de la carne, habiéndose consumado su naufragio de cuerpos”, apunta el redactor. El resto, al no poder quedarse en California por falta de recursos, regresaba a sus casas. 5. La cirugía plástica está de moda 11 de febrero de 1924. La cirugía plástica está estrechamente vinculada a las figuras de Hollywood. “Viejas caras hechas de nuevo”, reza el título de la nota. “La noticia de una actriz americana cuya cara ha sido totalmente remodelada por un especialista de París, con un perfil escogido por ella misma, ha causado sensación”, dice la nota. “No existe razón que obligue a una mujer a conservar una fisonomía que no le satisfaga”, dicen los especialistas. Habiendo terminado su tarea en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial atendiendo desfigurados y mutilados por la metralla, los cirujanos plásticos buscaban en Hollywood nuevos campos de trabajo. Y las estrellas eran sus nuevos clientes. 6. Lo que gana un cineasta 18 de agosto de 1925. El presidente de una compañía cinematográfica da cuenta de la razón de la enorme diferencia entre los sueldos de los diferentes directores en Hollywood. Mientras unos pocos ganaban hasta dos mil dólares por semana, otros recibían apenas 5 dólares: “Los hombres que no conocen a fondo los secretos del arte de la pantalla resultan caros siempre, por modestas que sean sus aspiraciones de sueldo. Mientras que el que conoce bien su oficio no tan solo le ahorran varias veces su sueldo a la compañía, sino también tiempo y materiales”, afirmaba. 7. Aspirantes frente a los estudios 19 de agosto de 1925. Miles de personas se agolpan a diario a las puertas de los grandes estudios californianos. Desde 1917, se habían inscrito más de 150,000 aspirantes a un puesto como extra, con solo quince mil laboralmente ocupados. La nota pone énfasis en la diversidad de los postulantes: En el registro constaban trescientos calvos,
