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ANIVERSARIO COLEGIO EMBLEMATICO MICELINO SANDOVAL TORRES – CARAZ

MICELINO SANDOVAL TORRES  UNA TRAYECTORIA EJEMPLAR

Por. Román Obregón Figueroa.

 

TRAYECTORIA VITAL

Micelino Sandoval Torres n

ació el 17

de Mayo de 1884, año que tampoco puede atestiguarse por no haberse logrado la inscripción de nacimiento correspondiente en los registros del Municipio ni en los que cuenta la Parroquia, aventurándose el año por la edad declarada por don Micelino el año que contrajo matrimonio. Fueron sus padres don Teodoro Sandoval, natural de Tauca, Prov. de Pallasca, y doña Lucía Torres, de Caraz, quienes llegaron a tener dos hijos: Elena y Micelino. Don Micelino se unió en matrimonio con doña Clara Octavia Méndez Bassalik, en 1928, acentuando su felicidad hogareña cuatr

 

o hijos: Oscar, Bronisha, Olga y Micelino Octavio, de los cuales la segunda, Bronisha, es la única que no asimiló la carrera magisterial, prosiguien

do la vocación docente de su recordado padre.

ESTUDIOS

 

Don Micelino Sandoval Torres estudió Primaria en Caraz, en la escuela del notable educador don Constantino P. Jaramillo; cursó la instrucción secundaria en Huaraz, y la carrera magisterial en la Escuela Normal de Varones de Lima, de la que egresó en 1907, Primera Promoción, con un honroso segundo puesto.

 

EL MAESTRO

Pudo quedarse en Lima, medio de horizontes promisorios más definidos para el desarrollo cultural, pero pudo más el llamado de la tierra nativa y en 1908 asumió el cargo  de Inspector y Director de la Escuela N°. 321 de Caraz, donde volcó sus conocimientos, vertió su amor a la niñez durante veinte años, con sabiduría y generosidad. Visitó diversas localidades de nuestra provincia, impartiendo la dinámica  de la Pedagogía Nueva, precisamente en la época de inquietudes pedagógicas crecientes, influenciadas por las ideas de Spencer, Dilthey, Natrop, Durkheim, Kilpatrick y otros más.

Su austeridad y rectitud, su entrega total a la causa de la educación le hicieron blanco de críticas adversas y también de sincero agradecimiento. Su palabra reposada y precisa calaba en la mete de sus discípulos y amigos. Nunca fue dueño de la retórica; más bien de la hondura de pensamiento que pugna  avizorar las entrañas de la moral y de la responsabilidad, del servicio desinteresado  al prójimo, de la fraternidad.

Su periplo educativo en Caraz tuvo su de

 

senlace penoso cuando el Diputa

do por la Provincia de Huaylas de entonces quiso otorgar prebendas a un normalista que ansiaba el cargo que legítimamente desempeñaba don Micelino Sandoval. Mientras él se encontraba en Macate, cumpliendo labores de su cargo, se produjo una suerte de golpe de estado. Las opiniones de varios de sus colegas le fueron desfavorables, en un gesto de dolorosa ingratitud máxime tratándose de antiguos discípulos. La herida gratuita causó en su corazón de hombre probo, de educador por antonomasia, grande. Es muy ilustrativa, por coincidente, una  de las fábulas de Leonardo de Vinci: “El nogal ofrecía en un camino la riqueza de sus frutos a los transeúntes, y los hombres la lapidaban”.

A fines de 1930 arribó a Yungay como Director de la Escuela N°. 361 y posteriormente “como Comisionado Escolar recorrió los más apartados ámbitos de la Provincia, renovando los métodos y sistemas de enseñanza con las corrientes de la pedagogía nueva. Demostró gran versación en la organización y administración escolar y un espíritu de justicia y honradez sobresalientes”.

Cuando don Micelino Sandoval marchó a la acogedora ciudad de Yungay, contaba con el dulce paliativo de la compañía de su carabina esposa y sus dos primeros hijo, Oscar y Bronisha, ambos nacidos en Caraz. Posteriormente aumentaría su esperanza  la llegada de sus dos últimos vástagos: Olga y Micelino Octavio, nacidos en Yungay.

HONOR AL MERITO

Don  Micelino Sandoval fue un predestinado  para la entrega total a la causa de la educación. Al egresar de la Escuela Normal de Varones de Lima, en 1907, se hizo acreedor de una de las becas otorgadas a los dos primeros alumnos egresados de dicha primera promoción. La beca era para seguir estudios de perfeccionamiento en los EE. UU. razones de índole económica – o tal vez de postergación injusta- impidieron que don Micelino materializara ese viaje, debiendo señalarse que el otro becado que si arribó al país del Norte fue don Santiago Antunez de Mayolo.

La labor sacrificada del maestro a lo largo de 42 años, tuvo momentos gratos también. En 1956, estaba ya en condición de maestro jubilado, fue merecedor del reconocimiento nacional. El Ministro de Educación  le otorgó las Palmas Magisteriales mediante Diploma y Medalla de Plata.

La preocupación magisterial de don Micelino Sandoval  no se circunscribía al aula o a velar  el desarrollo acertado  de la Administración y Organización Escolar. En las páginas de las Revistas  “Forjando Ancash” o de la Normal  de Tingua, entre otros, ha dejado un pensamiento de pedagogo destacado.

LA MUERTE

Cumplida su misión activa, don Micelino retornó al lar nativo, dejando en Yungay a numerosos amigos, a todo un pueblo identificado con su labor meritoria. Se refugio en su casa de Malambo donde prosiguió su pasión de siempre: leer y meditar. Con estoicismo admirable soportaba el mal que lo aquejaba desde hacía varios años, la diabetes; reconfortado por el amor invariable de su señora esposa y de sus hijos. Austero, más con la sonrisa dibujándose en el corazón, que en los labios; bondadoso sin necesidad de aparentarlo; buen padre y esposo, sumamente hogareño, de esa clase de hombres que no entienden ni saben valorar los que fungen de “sociables”, dejaba que la vida transcurra con la placidez del que ha cumplido y sigue cumpliendo su misión elevada en esta vida llena de desconciertos.

Sentía que su mal se acentuaba y que se avecinaba su fin. Lo que más le dolía era su economía precaria. “Me da pena dejarles tan pobres, díjole cierta vez a su esposa.- Mi sueldo es tan pequeño…”. La enfermedad inoperable y un derrame cerebral fueron los causantes de su muerte el 7 de Mayo de l962, diez días antes de cumplir 78 años de edad. Antes del desenlace, con toda su lucidez, hizo llamar a su lecho de dolor a s

 

us caros amigos de Yungay, a quienes manifestó su última voluntad: A don Arnaldo Ramos nombró depositario de su cadáver; al Dr. Leoncio Guzmán y señores Mariano Tolentino, Aurelio Figueroa, Víctor Olivera y Manuel Beteta les pidió y encomendó que su cuerpo fuera sepultado en el Camposanto Yungaíno. Su decisión postrera fue cumplida. La ciudad de Yungay manifestó su dolor por la desaparición del maestro esclarecido. El ataúd conteniendo los restos queridos fue recibido y honrado por un cordón humano desde la entrada del pueblo hasta la Escuela N°. 36l, “Santa  Casa”, donde se realizó el velatorio. Doña Clara, desconsolada, hizo la dolorosa entrega del cadáver del educador  al magisterio de Yungay.

En Caraz, los discípulos y antiguos compañeros de trabajo de don Micelino Sandoval quisieron, y pidieron a los deudos, que los restos del maestro reposaran en su tierra natal, pero había que respetar la última voluntad del hombre que dedicó su vida al ejercicio de la tarea más noble: modelar la mente y la personalidad de los niños. Hace años, la asociación de Cesantes y Jubilados de Caraz, mediante oficio pidió a la señora esposa del ilustre desaparecido, su autorización para llevar a cabo el traslado de los restos mortales al cementerio local. Ella, fiel a la memoria de su esposo, manifestó que, personalmente, agradecería este gesto de reconocimiento póstumo a la memoria de su esposo, pero no podía ni debía alterar la voluntad postrera de su desaparecido cónyuge

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